Nicola Mario Lamontanara se sienta con la experiencia de quien cruzó continentes y resistió climas extremos, con más de tres décadas en la industria petrolera. Nacido en Maracaibo en el Estado Zulia, Venezuela, es hijo de inmigrantes italianos y el menor de tres hermanos. Su ciudad natal, cuna de la explotación petrolera, sin duda inclinó la balanza hacia su vocación.
Hoy es un consultor independiente solicitado en la región, un abuelo orgulloso de su nieto Carlos, primogénito de su hija mayor, y un padre que ve a sus dos hijos avanzar en sus estudios en la Universidad Nacional del Comahue, cimentando una nueva raíz en la Patagonia.
La formación y los primeros pasos en el gigante venezolano
Nicola se graduó como ingeniero geodesta en 1987 en la Universidad del Zulia. A su título de base, sumó una especialidad en Geofísica y un Magister Sc. en Gerencia de Operaciones, una formación completa realizada íntegramente en su país natal. Poco después de graduarse comenzó a trabajar, aunque sus inicios no se dieron directamente en su área, si no como ingeniero residente de obras civiles y mecánicas.
Su ingreso formal al sector petrolero ocurrió en 1991. Tras finalizar su postgrado en geofísica, lo contrata Maraven, una de las filiales de la estatal Petróleos de Venezuela, PDVSA. Allí se desempeñó inicialmente como geólogo de operaciones de perforación y con el tiempo, llegó a ocupar el cargo de ingeniero de perforación, terminación y workover.

Su trayectoria lo lleva posteriormente por varias empresas de servicio, como Halliburton y San Antonio - Pride, hasta que en 2004 recibe una oferta crucial: Petrobras Energía de Venezuela. "Realmente llevo 34 años trabajando en la industria petrolera", dijo Nicola a VacaMuerta.ar, reflejando una vida dedicada al subsuelo.
Petrobras y el salto al sur patagónico
El paso por Petrobras marca una etapa de movilidad internacional. Entre 2004 y 2008, realizó asignaciones cortas en Brasil, México y Colombia. Estos trabajos consistían en funciones específicas, asesorías puntuales de tres meses en promedio, un esquema que le permitió viajar continuamente entre Venezuela y los sitios de operación.
Sin embargo, en 2008, la situación económica y política en Venezuela se tornó compleja. La compañía le presentó una propuesta de asignación internacional por dos años: mudarse a Río Gallegos, Argentina.
"Vine con mi esposa a hacer un viaje de reconocimiento. Viajamos hasta Río Gallegos, vimos cómo estaban las cosas, y nos pareció bien ", contó. Tras ese viaje de una semana para ver escuelas y la ciudad, regresó a Venezuela. Dejó a su familia acomodándose y volvió al sur argentino. El choque cultural fue inmediato y brutal. Nicola, venía de un país tropical, llegó a Río Gallegos en pleno invierno, con temperaturas bajo cero.
"Venía de un lugar con 38 o 40 grados, a un lugar donde las temperaturas estaban por debajo de cero. Recuerdo que en una oportunidad en un equipo de perforación teníamos menos 38 grados", agregó.

Tuvo que adaptarse rápidamente, aprender a conducir y a caminar sobre hielo y nieve. Llegó como jefe de construcción de pozos del activo austral. A fin de año, viajó a Venezuela, y en enero de 2009, regresó con su esposa, ingeniera de reservorios empleada también de Petrobras, y sus dos hijos quienes entonces tenían 7 y 11 años.
Adaptación y la decisión de quedarse
La adaptación, si bien supuso un cambio climático radical, fue facilitada por el ambiente social de la ciudad, un lugar con mucha gente de otras provincias y países. “Solo éramos tres familias venezolanas”, relató.
Se reunían en fechas especiales, donde cada uno llevaba platos típicos de su provincia o país, creando festejos espectaculares, donde nunca faltaba el cordero patagónico.
La asignación inicial era por dos años. Al cumplirse ese plazo, la empresa le propone quedarse en Argentina, ofreciéndole el puesto de gerente de construcción de pozos en la Tierra Austral. Aceptó la propuesta, renunció a Petrobras Venezuela y se convirtió en empleado de Petrobras Argentina.
El cierre del ciclo y la migración a Vaca Muerta
En 2015, el panorama cambia. Petrobras vende sus áreas en el sur y Lamontanara es transferido a Buenos Aires. Vive un periodo de viajes constantes, y a mediados de 2016, es reasignado para dar soporte a la operación de Neuquén como consultor de ingeniería de pozos en reservorios convencionales y no convencionales y se muda con su familia a la provincia.
En mayo de ese mismo año, la empresa, afectada por problemas financieros, vende sus activos en Argentina. Pampa Energía la compró por $897 millones y asumió la totalidad de las deudas.
Trabajó un poco menos de dos años con YPF, la estatal argentina, y de repente, Nicola pasa a ser consultor independiente de perforación, terminación y workover. Desde Neuquén, principal capital petrolera de Argentina, atendió operaciones presenciales en Chile y ofrecía soporte en línea a Ecuador y Colombia, una modalidad que se afianzó y perfeccionó durante la pandemia.
Durante el COVID-19, la necesidad lo obligó a realizar una asesoría completa a la empresa estatal petrolera de Chile de forma totalmente remota. "Estuvimos 6 meses dando esta asesoría... y gracias a Dios fue muy bien, mejoró bastante la operación", recuerda. La actividad era monitoreada en tiempo real a través de su computadora, con reuniones diarias con el cliente, demostrando que la experiencia supera la necesidad de estar físicamente en el sitio.
Un consultor de referencia y la lucha por la jubilación
Actualmente, Lamontanara, a sus 65 años, se dedica a la consultoría independiente de perforación y workover. Actúa como referente técnico de ingeniería de operaciones, ofreciendo servicios que van desde la perforación, terminación, workover y el abandono de pozos, hasta la inspección de equipos.
La decisión de hacerse consultor independiente se debió a un motivo pragmático: le resultaba difícil conseguir trabajo fijo. "Cumplí 60 años cuando arrancó el COVID, entonces en ese tiempo estaban bajando de los equipos al personal más grande, los que eran mayores". Ahora, trabaja con varias empresas que lo contratan para casos específicos, actuando también como mentor y dictando cursos.

Su lucha laboral se extiende a su situación previsional. A pesar de sus 34 años de carrera, no se jubila porque no se cuentan los años trabajados en Venezuela, debido a la falta de un convenio bilateral efectivo con Argentina. Llegó en 2008, por lo que no cumple los años de aporte en Argentina. La opción de pagar los años faltantes, que existía hasta hace poco tiempo, ya no está disponible. Actualmente, trabaja como monotributista.
Críticas y preocupaciones por el sur argentino
Lamontanara tiene una visión crítica sobre el rumbo actual de la industria nacional con respecto al abandono de las áreas convencionales en favor de la explotación no convencional de Vaca Muerta. "No estoy de acuerdo con que las áreas convencionales las estén dejando, eso está generando que en Santa Cruz y otras provincias haya un desempleo increíble", afirma.
Le preocupa el destino de los pueblos que dependen del petróleo convencional en provincias como Santa Cruz, Chubut, Mendoza, Salta y Formosa, advirtiendo sobre el riesgo de un aumento de los problemas sociales, una situación que asegura, ya presenció.
Sigue en contacto con gente de Río Gallegos, y el panorama que recibe es desolador: "La están pasando muy mal... en Río Gallegos está todo parado". Además, confirma la tendencia migratoria de la gente del sur hacia la zona de Neuquén en busca de trabajo, aunque advierte que el proceso es complicado.
La historia de Nicola Lamontanara es un reflejo de la evolución, y a veces la crudeza, de la industria petrolera, un relato de adaptación constante y compromiso técnico que, a sus 65 años, lo mantiene en la primera línea de la operación y la consultoría en el corazón de Vaca Muerta.







