El optimismo del Gobierno nacional sobre el retorno de inversiones choca con la cruda realidad de la capital del shale, donde la retracción de actividad y el abandono de empresas extranjeras generan una "emergencia productiva" y graves consecuencias sociales, evidenciando una profunda contradicción en el corazón de la energía argentina.
Argentina despliega una ambiciosa estrategia con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), buscando revertir la salida de empresas extranjeras que marcó la escena económica desde 2020 y atraer un flujo masivo de capital. El gobierno de Javier Milei presenta este marco como la clave para generar estabilidad y atraer proyectos millonarios, especialmente en sectores estratégicos como el energético, con Vaca Muerta como principal polo de atracción. Sin embargo, en Añelo, la realidad dista mucho de esa promesa. La Cámara de Empresas, Industria y Servicios de Añelo (CEISA) lanzó una dura advertencia, denunciando una "emergencia productiva" por la retracción de inversiones y la partida de empresas, lo que destapa una preocupante contradicción entre el discurso macro y la realidad microeconómica.
Mientras el RIGI se propone como el imán para el retorno de capitales y la concreción de nuevos proyectos multimillonarios, ofreciendo beneficios fiscales y cambiarios para dar previsibilidad a los inversores, la localidad neuquina observa cómo empresas foráneas, que llegaron con el auge de Vaca Muerta, hoy abandonan el territorio, dejando tras de sí un saldo de trabajadores desocupados. Este fenómeno, que la CEISA atribuye a una "evidente especulación de las operadoras con el valor internacional del barril", genera consecuencias sociales y económicas de gravedad, poniendo en jaque la convivencia y la capacidad de respuesta de la comuna.
Promesas de inversión contra la realidad local de despidos y abandono
El Gobierno nacional celebra los primeros proyectos aprobados bajo el RIGI, con inversiones que suman miles de millones de dólares, y destaca a Neuquén como una de las provincias con mayor potencial para atraer nuevos capitales, precisamente por Vaca Muerta. La expectativa de este régimen se centra en el ingreso de grandes actores que generen empleo y desarrollo a escala nacional. No obstante, la situación que describe la Cámara en Añelo pinta un cuadro distinto: en el último año, la localidad fue testigo de cómo empresas contratadas directamente por las operadoras, que antes desplazaron a proveedores locales y precarizaron condiciones laborales, hoy simplemente se marchan.
Esta partida masiva de firmas deja a su paso trabajadores sin empleo, muchos de ellos provenientes de otras provincias, que ahora demandan asistencia del sistema público de salud, defensa civil y otras estructuras municipales. Esta situación incrementa el gasto social en una comuna que ya opera al límite de su capacidad, tensando sus recursos y su infraestructura. La paradoja resulta evidente: se busca atraer inversiones con promesas de estabilidad y rentabilidad a nivel nacional, mientras que en el corazón mismo de la producción, la inestabilidad y la especulación llevan a la retracción y al abandono, afectando directamente a la población local.
Un costo social en aumento
A la crítica situación económica, se suman alarmantes indicadores sociales. CEISA señala un crecimiento en el consumo problemático de sustancias y un aumento en los hechos delictivos. La falta de oportunidades laborales, generada por la retracción de la actividad y la partida de empresas, produce un escenario de riesgo para la convivencia en la comunidad. La Cámara enfatiza que "Añelo no puede ni debe seguir siendo tratado como un campamento petrolero. Si Vaca Muerta es el motor del país, sus pueblos no pueden ser el depósito de los costos sociales del negocio energético".
Esta dura declaración pone en el centro del debate la necesidad de una distribución equitativa de los beneficios y los costos del desarrollo hidrocarburífero. La narrativa del "boom" de Vaca Muerta, que se refuerza con récords de producción y proyecciones optimistas a largo plazo, parece obviar la compleja realidad que enfrentan las comunidades en el terreno.
La "temporada baja" que algunos analistas anticipan para la segunda mitad de 2025, vinculada a la volatilidad del precio del petróleo y los costos de producción, ya se percibe con crudeza a nivel local, con despidos y la partida de empresas que impactan directamente en la vida de los ciudadanos.







