La cadena que convertirá el gas de Vaca Muerta en GNL exportable acaba de completar su último eslabón. Este jueves, el Comité Evaluador del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones aprobó el Gasoducto Dedicado Tratayén-San Antonio, la obra de infraestructura terrestre que conectará la producción no convencional neuquina con los buques de licuefacción que Southern Energy instalará en el Golfo San Matías. La inversión es de 1.300 millones de dólares y las exportaciones que habilitará se estiman en 2.500 millones de dólares anuales. El ministro de Economía Luis Caputo lo celebró en X: "Este gasoducto está 100% dedicado a la exportación".
La pieza que faltaba
El Gasoducto San Matías es la segunda pieza del proyecto Southern Energy en ingresar al RIGI. Los buques de licuefacción, el corazón del proyecto, ya habían recibido la aprobación del régimen en julio de 2025. Lo que quedaba pendiente era el ducto terrestre que los abastecerá, y ese hueco acaba de cerrarse.
La obra será desarrollada por San Matías Pipeline S.A., la sociedad vinculada al consorcio exportador. Su extensión es de 472,5 kilómetros: 29 atravesarán territorio neuquino desde Tratayén, cerca de Añelo, y los restantes 443,5 recorrerán Río Negro de noroeste a sureste hasta las cercanías de San Antonio Oeste, en gran parte de manera paralela al trazado del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur. El ducto tendrá 36 pulgadas de diámetro, capacidad para transportar 28 millones de metros cúbicos diarios de gas y estará enterrado para reforzar las condiciones operativas y de seguridad.
La infraestructura también incluye una planta compresora en Allen con 45.000 HP de potencia para sostener la presión necesaria en el trayecto hasta la costa atlántica. El contrato de construcción fue adjudicado a la Unión Transitoria de Empresas integrada por la argentina Víctor Contreras y la italiana Sicim. El inicio de obras está previsto antes de que termine 2026 y la finalización para 2028.
Southern Energy, el consorcio detrás del proyecto
El gasoducto abastecerá exclusivamente al proyecto de GNL de Southern Energy S.A., el consorcio privado más avanzado en la carrera exportadora argentina. Su composición accionaria concentra a las principales operadoras de Vaca Muerta: Pan American Energy con el 30%, YPF con el 25%, Pampa Energía con el 20%, Harbour Energy con el 15% y Golar LNG con el 10%.
Los buques que el gasoducto alimentará son el Hilli Episeyo, con una capacidad de producción de 2,4 millones de toneladas anuales de GNL, y el MKII, que agregará otros 3,5 millones de toneladas anuales. El Hilli está previsto para septiembre de 2027 y el MKII para el segundo semestre de 2028. Con ambas unidades operativas, la capacidad combinada llegará a casi 6 millones de toneladas anuales de GNL, suficiente para abastecer contratos de largo plazo con compradores europeos y asiáticos que ya están firmados.
Lo que el RIGI aporta a la ecuación
La aprobación dentro del régimen no es solo un trámite administrativo. Para un proyecto de 1.300 millones de dólares con un horizonte de ejecución de dos años y una vida útil de décadas, el RIGI aporta estabilidad fiscal por 30 años, exención de derechos de exportación, reducción del Impuesto a las Ganancias y libre disponibilidad de divisas generadas por las exportaciones. Esas condiciones son las que hacen posible el financiamiento internacional a tasas competitivas para una obra de esta escala.
Con el gasoducto aprobado, el consorcio Southern Energy tiene ahora completo el cuadro regulatorio que necesitaba. Los buques tienen su RIGI. El gasoducto tiene su RIGI. Las obras submarinas en Punta Colorada ya arrancaron. La cadena que llevará el gas de Vaca Muerta al mundo está formalmente en marcha.







