El despliegue de Vaca Muerta transformó la matriz energética argentina y el tablero de la distribución de la riqueza. Un exhaustivo informe de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), que analiza los estados contables de las 16 operadoras líderes entre 2012 y 2024, revela un fenómeno inquietante: mientras las ganancias privadas se disparan, la participación del Estado Nacional en la renta petrolera cae a niveles históricos.
El fin de la "torta" compartida
Durante la última década, el sector hidrocarburífero experimentó un crecimiento vertiginoso. Los ingresos de las compañías aumentaron un 42% en términos reales, traccionados por la productividad del shale. Sin embargo, el dato que sacude al sector público es la redistribución del valor agregado.
En 2012, el esquema de distribución era relativamente equilibrado: el sector público capturaba el 45% del valor generado, mientras que las empresas privadas retenían el 38%. Doce años después, la relación se invirtió drásticamente. Hoy, el sector privado se queda con el 63% de la torta, dejando al sector público con apenas un 21%. Los trabajadores, por su parte, mantienen una participación estancada, lo que demuestra que el auge exportador no derramó de forma automática hacia los salarios del sector en términos de participación relativa.

Neuquén: la ganadora por volumen, no por tasa
El informe de ACIJ pone blanco sobre negro en una realidad que se percibe en la capital neuquina y en Añelo: las provincias productoras son las únicas que lograron defender (e incluso aumentar) sus ingresos fiscales. Esto no se debe a un aumento de impuestos, sino al impacto directo de las regalías.
Al ser un porcentaje fijo sobre la producción en boca de pozo, el salto productivo de Vaca Muerta blindó las cajas provinciales. Sin embargo, esta "primavera de regalías" contrasta con el desfinanciamiento del Estado Nacional. Mientras Neuquén celebra los récords de barriles, la recaudación federal por Impuesto a las Ganancias y Derechos de Exportación (retenciones) sufrió una erosión sistemática. Las empresas, mediante diversos mecanismos de incentivos y deducciones por inversión, lograron reducir su carga impositiva nacional mientras sus beneficios netos se duplicaban.
El laberinto de los incentivos: ¿Inversión o transferencia?
Uno de los puntos más críticos del estudio es el análisis de los incentivos fiscales. Vaca Muerta nació y creció bajo el ala de planes de estímulo (como los sucesivos Planes Gas). Si bien estos programas resultaron exitosos para alcanzar la soberanía energética y revertir el déficit comercial, el costo fiscal fue elevado.
El informe detalla cómo el esquema actual permite que las grandes operadoras aceleren la amortización de inversiones, reduciendo la base imponible del Impuesto a las Ganancias. Para el medio local, esto plantea una pregunta incómoda: ¿Es sostenible un modelo donde la infraestructura que la industria necesita (rutas, escuelas, hospitales en la Cuenca) depende de un Estado con ingresos fiscales en retroceso?
La paradoja es evidente: las operadoras demandan más rutas y servicios públicos para seguir batiendo récords, pero la estructura impositiva actual drena los recursos nacionales que deberían financiar esas obras.
La brecha entre ganancias y recaudación
El trabajo de Gustavo García Zanotti para ACIJ desmitifica la idea de que "a mayor producción, mayor recaudación total". Entre 2012 y 2024, la recaudación total de impuestos al sector se mantuvo prácticamente estable en términos reales, a pesar de que la actividad es hoy mucho más rentable y eficiente que hace una década.
Las 16 empresas analizadas (que representan el grueso de la operación en la Cuenca Neuquina) muestran estados contables con una solidez envidiable. La eficiencia alcanzada en el subsuelo, con costos de perforación y completación que compiten con el Permian de Estados Unidos, permitió que las ganancias netas crecieran más del 100%. Sin embargo, esa rentabilidad no se tradujo en una mayor contribución al fisco nacional, que hoy recibe menos dólares por cada barril extraído que en el inicio de la era no convencional.

Hacia un 2026 bajo el paraguas del RIGI
El informe llega en un momento bisagra. Con la implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y la mirada puesta en los proyectos de GNL, la presión por mayores beneficios fiscales no cesa. El estudio de ACIJ advierte que, de profundizarse esta tendencia sin un debate serio sobre la fiscalidad, la Argentina corre el riesgo de consolidar un modelo de "enclave": alta productividad y ganancias externas, pero con un impacto fiscal doméstico insuficiente para transformar la estructura productiva del país.
Para los actores de Vaca Muerta, el desafío de 2026 será demostrar que el sector puede ser el motor de la economía argentina no solo por las divisas que genera al exportar, sino por su capacidad de sostener un esquema fiscal justo que financie el desarrollo de las comunidades donde opera.







