Otro golpe para Techint en el tablero energético: la UTE que integraba junto a Sacde quedó fuera de la licitación del gasoducto impulsado por Southern Energy (SESA), una de las obras privadas más importantes de la Argentina. En su lugar, la oferta encabezada por la italiana Sicim y la firma local Víctor Contreras terminó imponiéndose como la más competitiva.
En enero, la empresa del grupo que lidera Paolo Rocca fue relegada por un grupo indio en la producción de los caños para este proyecto y estalló una guerra contra el gobierno de Javier Milei. La firma nacional había monopolizado el mercado de ductos durante décadas y llegaba con ventaja a la fase: venía de construir infraestructura clave en Vaca Muerta, como el gasoducto Perito Moreno y el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur, que incluso comparte traza con el nuevo proyecto. Pero, ni la experiencia ni la logística alcanzaron y se quedaron con las manos vacías por primera vez.
El gasoducto en cuestión permitirá llevar el gas de Vaca Muerta hasta la costa de Río Negro, en el Golfo San Matías, para su licuefacción y exportación al mundo. Con una extensión cercana a los 478 kilómetros y una inversión que ronda los US$1.300 millones, el proyecto es la pieza central del esquema exportador de GNL que impulsa Southern Energy.
Weretilneck se sube al buque
Mientras se define la letra chica de la adjudicación, en Río Negro el proyecto ya empieza a jugar en clave política. El gobernador Alberto Weretilneck viene empujando el gasoducto como una de las grandes apuestas estratégicas de su gestión, con la mira puesta en posicionar a la provincia como puerta de salida del gas argentino al mundo.
La licitación —que entra en etapa de definiciones en estas semanas— se convierte así en un hito no solo energético, sino también político: marca el inicio concreto de una cadena de inversiones que puede transformar la matriz productiva de la región.
Para Weretilneck, no es solo un caño: es la oportunidad de convertir a Río Negro en el nodo exportador del GNL argentino. Y el calendario juega a favor: con obras que deberían arrancar en 2026, el proyecto empieza a alinearse con los tiempos de desarrollo de Vaca Muerta y la ventana internacional de demanda de gas.







