Brasil eligió presidente este domingo en elecciones generales que no arrojaron un ganador, sino que definieron a los dos contendientes en la segunda vuelta: Flávio Bolsonaro, el hijo del expresidente Yair, que se impuso con el 47,1% de los votos a Luiz Inacio da Silva, "Lula", el actual mandatario en funciones, que consiguió el 45,1%.
El sillón del Planalto se definirá se definirá el 25 de octubre, entre el liberal de centro derecha, que se quedó con el primer round, y el viejo líder de centroizquierda y progresista. También define qué tipo de empresa será Petrobras en los próximos cuatro años, y eso tiene una dirección postal que conocemos bien: la Cuenca Neuquina.
Dos Petrobras posibles
La pelea por el poder tiene diferentes focos: la economía, las justicias, el medio ambiente y también la energía. BNamericas lo planteó en un análisis reciente: el candidato de la derecha tiene una visión distinta a la del presidente sobre el rol de Petrobras en la economía. La pregunta es cuán distinta.
Lula fue claro, lleva tres mandatos como presidente, prometió ampliar la capacidad de refinación de la estatal. En el último año el país superó los 2,7 millones de barriles diarios, con un crecimiento del 15%, y el rendimiento de las acciones de Petrobras subió un 100%, hasta alcanzar máximos históricos.
Bolsonaro se inclina por la inversión privada, cuestionó que la petrolera estatal construya más refinerías, a pesar de que el país está cerca de conseguir el 100% de autoabastecimiento. Lo que para cualquier petrolera sería una decisión de negocios, en Brasil pasa por la política.
Si bien, el candidato que ganó la primera vuelta apuesta por un estado más pequeño, fue tajante con la idea de vender la compañía estatal y dijo que seria dejar al país en una situación de vulnerabilidad. Sin embargo, no descartó la privatización de algunos sectores, sumar asociaciones público-privadas.
Lo que se juega en Neuquén
Para Vaca Muerta, Petrobras no es un actor lejano. Es, sobre todo, un comprador. En octubre de 2025, junto con Pluspetrol, concretó la primera importación de gas no convencional de Vaca Muerta: 100.000 metros cúbicos que llegaron a Brasil por ducto atravesando Bolivia. En marzo de este año, la ANP brasileña la autorizó a importar gas directamente desde la Argentina para compensar el declive acelerado del gas boliviano.

La demanda futura ya tiene forma. Petrobras confirmó un requerimiento de 2,2 millones de m³ diarios en la frontera con Bolivia para 2029, vinculado a la planta de fertilizantes UFN-III en Mato Grosso do Sul. El cuello de botella está de este lado: esa demanda espera del Gasoducto Norte.
¿Qué cambia con cada resultado? Una Petrobras orientada a la reindustrialización, como la que impulsa el gobierno de Lula, necesita gas barato y abundante, y eso empuja hacia Vaca Muerta. Una empresa más chica, con desinversiones, podría revisar activos fuera de su núcleo, y una participación minoritaria en Neuquén entra en esa categoría. Pero hay un punto en que ambos candidatos coinciden sin decirlo: Brasil se está quedando sin gas boliviano y el reemplazo más cercano está en la cuenca neuquina, gobierne quien gobierne.







