Un proyecto de infraestructura de gran magnitud se consolida para redefinir el valor de la producción de gas no convencional. Vaca Muerta Liquids es una iniciativa que PlusPetrol e YPF desarrollan en conjunto con el objetivo de procesar el gas natural para la obtención de propano, butano, gasolina y etano, productos de alto valor agregado. La propuesta, con una inversión inicial que superará los 2.000 millones de dólares, busca maximizar los beneficios económicos de la explotación y asegurar la sostenibilidad del negocio a largo plazo.
Este proyecto se presenta como un "habilitador" estratégico, diseñado para ir más allá de la producción de crudo y gas. La visión detrás de esta inversión se apoya en el concepto de una "mesa de tres patas": el petróleo, el gas natural y, como un tercer pilar de igual importancia, los líquidos de gas natural (LGN). Esta aproximación integral busca fortalecer la industria, diversificar su valor y aumentar su resiliencia frente a la volatilidad de los precios del mercado.
Desde PlusPetrol explicaron que la forma de explotar un yacimiento para ellos es maximizar el valor agregado, no solo producir gas y petróleo, sino también los productos ricos que lo acompañan. La experiencia en este tipo de proyectos es parte del "ADN" de la compañía, que ya aplicó este enfoque en campos de Argentina, Bolivia y Perú, incluyendo el masivo y complejo proyecto Camisea. Esta trayectoria les brinda la capacidad técnica y logística para enfrentar un desafío de esta envergadura en Vaca Muerta.
La infraestructura proyectada para Vaca Muerta Liquids se concibe para ser modular, escalable y abierta. El plan incluye una planta de procesamiento de gas en la provincia de Neuquén y la construcción de un poliducto de entre 500 y 600 kilómetros que funcionará como una "autopista" para transportar los productos hasta una planta de fraccionamiento en la costa atlántica. Este enfoque colaborativo, donde otros actores pueden sumarse para utilizar la infraestructura, se inspira en el modelo de mercado midstream estadounidense.
La propuesta de tener un poliducto que sirva a toda la cuenca es un factor clave para la eficiencia y el desarrollo del sector. No solo resuelve las necesidades actuales de los socios, sino que proyecta una solución para el futuro, con un diseño que permitirá la ampliación a medida que la producción aumente en los próximos años. El proyecto busca desarrollar un mercado en Vaca Muerta donde cada productor pueda elegir la alternativa de procesamiento, transporte y despacho que más le convenga, generando así una mayor competitividad.
El proyecto es clave para la cuenca neuquina, ya que se anticipa que la producción de crudo de la "ventana de petróleo" de Vaca Muerta experimentará un crecimiento significativo. Este aumento trae asociado un gas "denso" que requiere de tratamiento para cumplir las especificaciones técnicas para su transporte y comercialización. Sin la infraestructura adecuada, se proyecta un "cuello de botella" hacia 2029 que podría frenar la producción y limitar el potencial exportador. La decisión final de inversión (FID) para la parte básica del proyecto se espera para finales de este año, con la ambición de que esté en funcionamiento para 2029. Esto subraya la urgencia de una iniciativa que, en palabras de sus promotores, no se trata de una construcción apurada sino de una necesidad impostergable para el futuro de Vaca Muerta. Al asegurar la puesta en especificación del gas asociado, el proyecto habilita la producción de crudo, que de otra manera se vería afectada.
Asimismo, esta capacidad de procesamiento es un paso fundamental para proyectos de exportación de GNL, que se basan en la disponibilidad de gas de alta calidad. En ese sentido, Vaca Muerta Liquids se transforma en un facilitador de otras inversiones estratégicas, con un impacto que trasciende a la propia iniciativa. El proyecto se concibe como una inversión a largo plazo que garantizará la operatividad de los pozos, la puesta en especificación del gas asociado, y habilitará la exportación de Gas Natural Licuado (GNL), asegurando así el aprovechamiento integral de las enormes reservas de la formación y su consolidación como un actor global en el mercado energético. La idea es pasar de una situación actual con una capacidad limitada a un proyecto de mínima (2 a 3 millones de toneladas anuales) que asegure la especificación del gas y la producción de crudo, y luego poder ampliarlo progresivamente hasta 10 o 12 millones de toneladas anuales.







