En el primer semestre de 2026, 13.147 personas provenientes de otras provincias cambiaron su domicilio a Neuquén, una cifra que representa el 62,3% de todos los movimientos registrados durante 2025. La promesa que mueve a tanta gente es conocida: el boom de Vaca Muerta generó uno de los mercados laborales más dinámicos del país. Lo que muchos descubren cuando llegan es que el costo de vida en la zona petrolera acompaña la escala de los sueldos de la industria, no la de cualquier otra actividad.
La brecha entre quienes trabajan directamente para la industria y quienes no lo hacen define dos experiencias completamente distintas de vivir en la misma ciudad.
Lo que paga el petróleo
La escala salarial de la industria tiene un piso que ya es alto y un techo que directamente impresiona. Según la Encuesta Salarial Petrolera 2026 de la Fundación Contactos Energéticos, el salario bruto mediano de la industria ronda los 10,3 millones de pesos, con un ingreso neto mediano cercano a los 8 millones. Para un trabajador que recién ingresa a un yacimiento bajo el convenio de Petroleros Privados, el salario bruto de referencia parte de 4,1 millones de pesos por una jornada de ocho horas, más una asignación mensual no remunerativa vinculada a Vaca Muerta de 402.800 pesos y una vianda diaria de alrededor de 38.000 pesos.
En los puestos especializados, los números suben de manera significativa. Un ingeniero en perforaciones puede ubicarse entre 8,2 y 11,5 millones de pesos brutos mensuales, mientras que un ingeniero de producción aparece en una banda de 7,75 a 10,33 millones. A eso hay que agregar que muchos empleos directos en los yacimientos incluyen traslados hacia los lugares de trabajo, viandas y alojamiento, lo que reduce considerablemente los gastos cotidianos de quien trabaja en régimen y cambia la ecuación real de su presupuesto.
El mercado inmobiliario que se armó para el petróleo
Añelo, el centro logístico de la cuenca, tiene un mercado inmobiliario que responde a una demanda muy específica: las compañías petroleras alquilan unidades para alojar personal y en general buscan propiedades completamente equipadas. Eso distorsionó los valores de manera notable. Un monoambiente de 28 metros cuadrados con amenities puede rondar el 1,2 millones de pesos mensuales. Un departamento de un dormitorio aparece publicado en torno a los 2,5 millones, y una unidad de dos dormitorios llega a 2,6 millones. El promedio estimado para un departamento en Añelo se ubica en alrededor de 1,5 millones mensuales, con unidades desde 800.000 pesos y otras que superan los 2 millones.

En Neuquén capital los valores son comparativamente más accesibles pero tampoco son baratos. Un departamento de 50 metros cuadrados puede encontrarse desde 1 millón de pesos, mientras que una propiedad de 120 metros cuadrados y tres dormitorios ronda los 3,5 millones mensuales. El mercado de la capital neuquina también está influenciado por la actividad de la cuenca, aunque de manera menos directa que Añelo.
La ecuación que no cierra para todos
Ahí está el nudo del problema. Para un profesional que ingresa a una operadora o a una empresa de servicios con un salario mediano de 10 millones de pesos o más, los alquileres son caros pero manejables. Para un trabajador de comercio, de salud o de la administración pública que gana entre 2 y 4 millones de pesos, el mercado inmobiliario diseñado para el petróleo es directamente inaccesible.
Aldo Trujillo, jefe de gabinete de Rincón de los Sauces, lo explicó con claridad cuando describió la situación de los empleados municipales: "Hoy un empleado municipal, un empleado provincial, un empleado de la policía le es imposible alquilar una vivienda. Las viviendas se alquilan para la actividad petrolera y una vivienda en un dormitorio te puede salir 1.500.000, 2.000.000 y no le alcanza a la gente". El mismo fenómeno se repite en distintas escalas en Añelo, Neuquén capital y Centenario.
El intendente de Añelo, Fernando Banderet, fue quien más claramente verbalizó la consecuencia de todo esto cuando en 2025 pidió a quienes evaluaban mudarse a la zona que no lo hicieran con la familia si no tenían empleo en la industria asegurado. No era una advertencia caprichosa: era el diagnóstico de una ciudad donde la promesa del boom llega con letra chica que muchos recién descubren cuando ya están ahí.
¿Conviene mudarse?
La respuesta corta es que depende del trabajo que se consiga y bajo qué condiciones. Las inversiones previstas para 2026 en Vaca Muerta superan los 13.890 millones de dólares, un 13,5% más que el año anterior, y el IAPG estima que el desarrollo de la formación podría requerir entre 30.000 y 43.000 trabajadores directos hacia 2030. La demanda es real, los salarios de la industria son los más altos del mercado privado argentino y para quien entra al sector la ecuación puede cerrar bien.
Para quien llega sin empleo asegurado en la industria, o trabaja en sectores que no acompañan la escala salarial del petróleo, la zona de Vaca Muerta puede ser uno de los mercados de vida más caros del país sin que los ingresos alcancen para cubrirlo.







