Querida Argentina:
Soy yo, sí el petróleo. Ese que descubriste en Comodoro un día de viento —porque siempre hay viento— hace 118 años. Vine a saludarte porque pasamos de todo juntos y parece que vamos a seguir unidos por bastante tiempo más.
Yo te di dinero, desarrollo, ciudades, trabajo, peleas, roces, amores tóxicos, camisetas partidarias y hasta alguna que otra guerra fría entre provincias. Vos me diste, entre otras cosas menores, atención. A veces demasiada. Te vi crecer. Te vi nacionalizar, privatizar, renacionalizar, regular, desregular y volver a regular. Te juro que a veces no sabía si estaba en una novela o en un decreto. Si era ficción o realidad, si era verdad o mentira.
La primera etapa fue el amor adolescente del convencional. Arriesgado, inocente, idealizado, intenso, formativo e inolvidable. Lentamente fuimos encontrando nuestro equilibrio, entre mis necesidades y las tuyas, primero con YPF, después con la Ley de Hidrocaburos, Gas del Estado, Repsol, el auge del crudo y el récord de 1998. Tuvimos que esperar 27 años para sentir de nuevo esa sensación de algarabía de conseguir un logro histórico.
Después llegaron los no convencionales y Vaca Muerta. Y ahí sí te enamoraste fuerte de nuevo. Me empezaste a sacar más rápido, más prolijo, más eficiente. Pozos largos, fracturas que parecían maratones y una productividad que hasta mis primos de Texas miran con respeto. Viste que cuando querés, podés.

También te di dólares. Un montón. A veces ni gracias me dijiste, pero bueno, te entiendo: estabas ocupado apagando incendios. Ahora estoy volviendo a ser importante para tu economía, ya no soy un costo, espero podamos entendernos mejor.
Te dije mil veces que invirtieras en caños, porque si no, no había forma de que yo llegue a los puertos. Tardaste, pero lo estás haciendo. Y ahora me sacás por oleoductos nuevos, casi orgullosa, como quien arregla el baño después de 20 años.
Hoy, después de tanto tiempo, sigo acá. En Chubut, en Neuquén, en Santa Cruz, en Mendoza y hasta en Río Negro, también estoy en el mar, pero eso es otra historia, una historia que vendrá en algún momento más adelanta. Además, estoy en las rutas, en las refinerías, en los barcos, hasta en tus peleas de sobremesa.
Lo único que te pido es simple: planeame bien, usame mejor y discutí menos entre vos. Porque si nos ordenamos un poco, todavía te puedo dar un empujón grande. Y lo sabés.
Firmado,
tu viejo conocido que nunca se fue: el petróleo.
PD: El 13 de diiembre se celebra el Día del Petróleo en la Argentina en conmemoración del descubrimiento que aconteció en Comodoro Rivadavia en el año 1907.



