Marcos Bulgheroni tiene la costumbre de decir en voz alta lo que todavía no es noticia. En el Encuentro con CEOs de la Argentina Oil & Gas Patagonia 2026, en el Auditorio Tromen del Espacio DUAM, eligió un dato que circula sin anuncio oficial desde hace más de un año y medio: Pan American Energy produce shale gas en el Golfo San Jorge. “Hoy estamos produciendo shale gas del Golfo San Jorge. No se sabe, no se anuncia, no se dice, pero es la realidad. Hace más de 18 o 20 meses que estamos produciendo shale gas”, dijo.
El yacimiento es Cerro Dragón, la concesión convencional más productiva del país antes del despegue de Vaca Muerta, que PAE opera en Chubut desde hace siete décadas. La formación es la D-129, cuya existencia como potencial shale era conocida pero nadie había confirmado con producción real. PAE perforó un pozo vertical, luego uno horizontal con rama lateral de 1.500 metros y 20 fracturas, y el resultado fue gas húmedo fluyendo de la roca. La empresa obtuvo el año pasado la concesión de explotación no convencional de Chubut (CENCH) para reconvertir formalmente el área. Ahora está perforando el tercer pozo, esta vez con una rama lateral de 2.500 metros diseñada específicamente para la roca del Golfo. “Yo estoy convencido de que se va a desarrollar una nueva cuenca no convencional del Golfo San Jorge”, dijo Bulgheroni, con la seguridad de quien ya tiene datos, no hipótesis.
Los tres pilares de Cerro Dragón
El anuncio del shale llegó al final de una descripción detallada de cómo PAE está transformando un yacimiento que cumplió 70 años de operación. Son tres frentes simultáneos.

El primero es tecnológico y tiene como protagonistas a los drones. Cerro Dragón tiene 3.500 kilómetros cuadrados de superficie, 4.500 pozos productores y 1.200 pozos inyectores. Monitorearlos con patrullas y chatas, como se hacía históricamente, ya no es económicamente viable. PAE rediseñó toda la operación: hoy tiene cerca de 20 drones que sobrevuelan el campo todos los días, fotografiando activos con cámaras térmicas y convencionales, y un sistema de inteligencia artificial que procesa esas imágenes para detectar fallas, pérdidas y oportunidades de mejora. Las cuadrillas de trabajo se despachan específicamente al problema que el sistema identifica. Y los operadores que antes hacían recorridas ahora son pilotos de drone certificados. Todo el sistema se opera desde el Centro Remoto de Operaciones en Comodoro Rivadavia.
El segundo es la inyección de polímeros, un proyecto de recuperación terciaria que en mayo de 2026 PAE presentó al RIGI, el primero fuera de Vaca Muerta para producción convencional. En la AOG Bulgheroni amplió los números: la inversión total del proyecto asciende a 1.200 millones de dólares e incluye 22 plantas de inyección de polímeros, 100 pozos nuevos y 600 intervenciones. La lógica es simple: Cerro Dragón mueve más de un millón y medio de litros de líquidos por día, de los cuales el 90% es agua de inyección secundaria. Cuando esa agua ya no puede desplazar más petróleo de la roca, los polímeros cambian la viscosidad del fluido y vuelven a activar el desplazamiento. La empresa ya tiene pilotos en marcha que confirman el incremento de producción. El objetivo es recuperar al menos 50 millones de barriles adicionales de petróleo y unos 30 millones de metros cúbicos de gas.
El tercero es el shale, que Bulgheroni describió como “Vaca Muerta del 2007, 2008, 2009”: con confirmación de recursos pero todavía con productividades que hay que mejorar. El tercer pozo que están perforando, con el diseño de fractura ajustado a la roca específica del Golfo, es el próximo paso para confirmar si la cuenca puede escalar.
El GNL y la lección de ser irresponsables
El CEO también habló del proyecto Argentina LNG, del que PAE es socio junto a YPF, Harvard, Golar y Pampa. Su evaluación del proceso fue personal y directa: “Sin duda fue un proceso medio irresponsable, como primera medida”. La ironía era elogiosa. El proyecto arrancó en 2022 cuando Golar llamó con un barco disponible y la Argentina todavía no tenía historia como exportadora de gas. Apostaron a lo flotante para reducir el tiempo al mercado y mitigar las dudas de socios, compradores y financistas.
El primer barco de licuefacción llega en junio de 2027. Los caños que lo conectarán con la producción de Vaca Muerta estarán listos para esa fecha. El ramp up, según Bulgheroni, debería completarse para septiembre u octubre del año que viene. El segundo barco se construye en China y entrará en producción hacia fines de 2028 o principios de 2029. El contexto geopolítico actual, con el estrecho de Ormuz bajo presión y Ras Lafán operando al 60-70%, le da a Argentina un diferencial: “Un proveedor de GNL desde una zona con ausencia de conflicto.”
La apuesta más grande del futuro: los datacenters
La parte final del panel fue la más proyectiva. Bulgheroni planteó que Argentina va a ser uno de los diez mayores productores de gas del mundo en los próximos diez años y que eso obliga a pensar en la gestión de la abundancia, no de la escasez. Los fertilizantes ya están en camino, con Pampa y Profertil expandiendo capacidad en Bahía Blanca. Pero el mercado que el CEO ve como la gran oportunidad de mediano plazo es otro: los datacenters.
La inteligencia artificial demanda energía de manera casi incomprensible. Un centro de datos de 500 megawatts consume entre 2 y 3 millones de metros cúbicos de gas por día. Las proyecciones globales hablan de 250 gigawatts de nueva capacidad de procesamiento. Y los datacenters necesitan cuatro cosas que la Patagonia tiene: energía competitiva, energía sustentable, operación 24/7/365 y horizonte de largo plazo. “El gas va a ser central en cualquier análisis que vos hagas de una fuente de energía con estas condiciones”, dijo. Y sumó los activos específicos de la región: temperaturas bajas que reducen los costos de refrigeración, disponibilidad de tierra, acceso a agua y mano de obra calificada, más el sello geopolítico de estabilidad.







