El RIGI tiene críticos. Y Figueroa salió a responderles con números. Durante su informe de gestión de septiembre, el gobernador presentó el cálculo fiscal que sustenta la decisión de Neuquén de incorporar al sector hidrocarburífero al régimen de incentivos, y el resultado que mostró es difícil de ignorar: por cada peso que la provincia resigna en el corto plazo, espera recibir varios cientos a cambio.
El RIGI contempla una reducción de 10 puntos en la alícuota del Impuesto a las Ganancias para los proyectos que ingresan al régimen. Esa reducción impacta sobre la coparticipación federal que recibe la provincia, ya que una parte del impuesto recaudado a nivel nacional se distribuye entre las provincias. El costo fiscal que eso implica para Neuquén, calculado hasta 2030, asciende a 8,1 millones de dólares acumulados.
El menor costo impositivo hace que la producción neuquina de gas sea competitiva en el mercado internacional del GNL. "Si tenemos un impuesto a la renta que lleve el costo de producción del GNL a un valor similar al de Estados Unidos, vamos a poder vender nuestra producción", explicó el gobernador. Esa competitividad atrae inversiones que sin el RIGI no vendrían, o vendrían más despacio. Y más inversiones significan más producción, más regalías y más actividad económica para la provincia.
La proyección que cambia todo
El impacto del RIGI sobre las cuentas provinciales no sería inmediato sino creciente. Según la proyección presentada por Figueroa, el efecto positivo empezaría a notarse a partir de 2027, se profundizaría durante 2028 y los años siguientes, y llegaría a 2030 con un incremento acumulado de ingresos adicionales superior a los 2.400 millones de dólares.
La diferencia entre el costo y el beneficio no necesita mucha elaboración: 8,1 millones versus 2.400 millones. "Con un costo fiscal de 8,1 millones de dólares, la provincia de Neuquén va a terminar percibiendo más de 2.400 millones de dólares", resumió el gobernador, y fue más directo todavía sobre lo que eso implica: "En 2030, sin RIGI, la situación era una; con RIGI nos cambió todo”.

Esa frase resume la lectura que el mandatario hace de una herramienta que desde su creación generó debate. Que el primer proyecto de upstream en ingresar al régimen haya sido el de Pampa Energía en Neuquén, que YPF haya comprometido 75.000 millones de dólares bajo esa figura y que TotalEnergies haya anunciado desde París una inversión de 5.000 millones en San Roque son los argumentos concretos que respaldan la apuesta. "El RIGI fue una jugada política para la provincia del Neuquén extraordinaria", afirmó.
La mirada puesta en 2030
Figueroa vincula esa proyección con un objetivo que excede lo fiscal. Hacia 2030, estima que la economía neuquina podría duplicar su tamaño. Para acompañar ese crecimiento, la provincia necesita invertir en rutas, energía, agua, saneamiento, viviendas, escuelas y salud. El mayor flujo de recursos que proyecta el régimen es lo que hace posible financiar esa expansión sin endeudar a la provincia más allá de lo razonable.
Para cuando llegue ese escenario, Figueroa plantea dos opciones. La primera es cancelar la totalidad de la deuda provincial aprovechando el superávit previsto. La segunda es mantener una parte de la deuda en condiciones favorables y utilizar los recursos libres para inversiones que generen mayor rentabilidad, con la eventual creación de un fondo soberano como horizonte.
Ambas opciones parten de la misma premisa: que el RIGI aceleró inversiones que sin él hubieran tardado más, o directamente no hubieran llegado. Y que esa aceleración, con sus costos fiscales de corto plazo incluidos, fue una decisión que Neuquén tomó con los ojos abiertos y que los números, por ahora, respaldan.







