Mientras los proyectos de GNL avanzan en la costa rionegrina, otra visión sobre cómo exportar el gas de Vaca Muerta tomó forma este miércoles. Transportadora de Gas del Norte (TGN), cuyo principal accionista es Tecpetrol, el brazo petrolero del Grupo Techint de Paolo Rocca, junto a CGC, la firma energética de Corporación América que conduce Eduardo Eurnekian, anunció la construcción del Gasoducto Manuel Belgrano, un ducto de 753 kilómetros que unirá Tratayén, en Neuquén, con La Carlota, en Córdoba. La inversión total asciende a 2.200 millones de dólares entre el gasoducto propiamente dicho y las obras complementarias sobre el sistema existente. El proyecto será presentado al RIGI y tiene prevista su entrada en operación para abril de 2029.
El Gasoducto Manuel Belgrano tendrá una capacidad inicial de transporte de alrededor de 13 millones de metros cúbicos diarios y atravesará cinco provincias en su recorrido desde la cuenca neuquina hasta el centro del país. Con las obras complementarias, la capacidad total del sistema Norte pasaría de 15 a 19 millones de metros cúbicos diarios, un salto que la empresa estima suficiente para reemplazar importaciones de combustibles por unos 700 millones de dólares anuales y habilitar exportaciones de gas por alrededor de 450 millones al año.
Gasoductos en lugar de GNL
El anuncio de TGN se inscribe en una discusión más amplia que se viene dando en la industria sobre cuál es la mejor forma de monetizar el gas de Vaca Muerta. Los proyectos de GNL que avanzan en la costa rionegrina, Southern Energy y Argentina LNG, apuestan a licuar el gas y enviarlo en buques a Europa y Asia, con inversiones de entre 15.000 y 50.000 millones de dólares. La otra visión, que es la que comparten Rocca, Eurnekian y TotalEnergies, es más pragmática: exportar el gas como molécula a través de gasoductos a los países vecinos.
La lógica que sostiene esa apuesta es la de los números. Desarrollar GNL a escala implica inversiones gigantescas que la Argentina todavía tiene dificultades para financiar, incluso con el RIGI funcionando. En cambio, venderle gas a Brasil por gasoducto usando infraestructura que ya existe o que está en construcción es un negocio más inmediato, con contratos de largo plazo posibles y con un diferencial de precios atractivo. Mientras el gas mayorista en Argentina cotiza entre 3 y 4 dólares por millón de BTU, en el mercado brasileño los valores rondan los 10 dólares. Esa brecha es la que hace rentable el negocio del ducto.
El camino que llega a Brasil
El gasoducto Manuel Belgrano no llega directamente a Brasil, pero abre el camino. Al conectar Vaca Muerta con Córdoba y ampliar la capacidad del sistema Norte, asegura un flujo constante de gas argentino hacia la frontera con Bolivia, desde donde puede cruzar a Brasil. TotalEnergies ya validó ese corredor el año pasado cuando realizó la primera exportación de gas de Vaca Muerta a São Paulo a través de la reversión del Gasoducto Norte y la infraestructura boliviana, en un contrato interrumpible con Matrix Energía.

Esa primera exportación fue un hito simbólico: 500.000 metros cúbicos de gas neuquino llegando por primera vez a Brasil. El Gasoducto Manuel Belgrano convierte ese hito en una autopista. Rocca, a través de TGN y Techint, y Eurnekian, a través de CGC, también evalúa un proyecto con salida por Chile vía el gasoducto Transandino, lo que diversifica aún más las rutas de exportación de la cuenca.
El norte del país también necesita gas
La dimensión exportadora no es la única razón para construir el ducto. El norte del país viene sufriendo desde hace años la caída de la producción de la cuenca del Noroeste y el declive de las exportaciones bolivianas, que durante décadas abastecieron a Salta, Jujuy y Tucumán. La reversión del Gasoducto Norte permitió empezar a reemplazar ese gas con producción de Vaca Muerta, pero la capacidad del sistema sigue siendo insuficiente para cubrir toda la demanda regional, especialmente en los picos de invierno cuando las industrias y los hogares del norte compiten por el mismo recurso.
El Gasoducto Manuel Belgrano resuelve ese cuello de botella estructural al mismo tiempo que abre la puerta a Brasil. El gas que hoy no llega a Tucumán por falta de capacidad de transporte va a poder llegar cuando el ducto esté operativo en 2029, y el excedente que quede disponible va a tener un mercado regional esperando del otro lado de la frontera.







