Durante décadas, el comercio exterior argentino tuvo una geografía casi inamovible. La región Pampeana producía, procesaba y exportaba. El resto del país completaba el mapa con participaciones menores, algunas estables y otras directamente marginales. Ese esquema está cambiando, y el informe de intercambio comercial del primer semestre de 2026 elaborado por el Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones (CIG) de la Universidad Austral lo documenta con precisión: la Patagonia ya representa el 17,8% de las exportaciones nacionales, contra el 14,8% que tenía en 2025 y el porcentaje mínimo que explicaba hace una década. En un solo año, la región ganó tres puntos de participación en el comercio exterior del país.
La región Pampeana sigue siendo, por una diferencia considerable, el principal núcleo exportador del país, con 32.698 millones de dólares en el semestre y el 66,1% del total. Pero su predominio convive con una tendencia que el informe describe como aceleración de la reconfiguración territorial: en 2015, la Pampa explicaba más del 80% de las exportaciones argentinas. En el primer semestre de 2026, ese número cayó al 66,1%, una contracción de casi 15 puntos en once años que refleja el surgimiento de nuevos polos productivos en el resto del territorio.
El sur como nuevo motor
La Patagonia es el caso más llamativo de esa reconfiguración. Con 8.783 millones de dólares exportados en el semestre, la región consolida su posición como el segundo polo exportador del país, impulsada casi exclusivamente por la energía. Neuquén lidera con 4.283 millones y un crecimiento interanual del 84,5%, Santa Cruz aporta 2.150 millones con minería de oro y plata como motor, y Chubut suma 1.758 millones con una combinación de combustibles, pesca y aluminio.
Lo que el informe subraya es que ese crecimiento no es gradual sino abrupto. La Patagonia no venía ganando participación de manera lenta y constante: saltó. Y ese salto es gracias a Vaca Muerta. El índice de cantidades exportadas de combustibles y energía pasó de 26,3 en 2016 a 100,7 en el primer semestre de 2026, superando por primera vez el nivel base de 2004. Es el crecimiento más notable de toda la serie histórica analizada por la Universidad Austral.
Los que ceden terreno
El reverso de ese crecimiento patagónico se lee en las provincias pampeanas. Santa Fe exportó 9.237 millones en el semestre y mantiene su posición como segunda provincia del país, pero su participación cayó del 24,2% en 2015 al 18,7% en 2026. Córdoba exportó 5.880 millones y pasó del 15,6% al 11,9% en el mismo período. Ninguna de las dos redujo sus exportaciones en términos absolutos, pero el crecimiento de la Patagonia fue tan veloz que achicó su peso relativo en el total nacional.
El informe también identifica a dos regiones que ganan terreno junto a la Patagonia. El NOA pasó del 5,8% al 6,5% de las exportaciones nacionales, impulsado por el litio de Jujuy y la minería metalífera de Salta. Y Cuyo mantiene el 5,1%, con San Juan liderando gracias al oro y la plata que produce su sector minero.
El desafío que viene: de la extracción al ecosistema
El informe no se limita a describir el cambio en el mapa exportador sino que plantea la pregunta de fondo que ese cambio deja abierta. Para responderla, los autores proponen el marco de los Ecosistemas Productivos Basados en Recursos, que analiza cómo algunos países lograron convertir sus recursos naturales en plataformas de desarrollo industrial y otros no.
Los casos de referencia son Noruega y Australia. Noruega descubrió petróleo en el Mar del Norte a fines de los años 60 sin industria petrolera propia y eligió no dejar que las compañías internacionales operaran como enclaves. Creó una empresa estatal, exigió colaboración con firmas locales, invirtió en educación técnica y terminó exportando tecnología y servicios offshore al mundo entero. Australia hizo algo similar con la minería: partió de una dependencia total de equipos importados y construyó el sector METS, hoy compuesto por más de 1.500 empresas que generan ingresos superiores a los 90.000 millones de dólares australianos anuales.
La pregunta que el informe le hace a la Argentina es directa: ¿Va a seguir ese camino o va a conformarse con exportar barriles? La respuesta no depende solo de la geología de Vaca Muerta sino de las políticas de desarrollo de proveedores, la inversión en educación técnica, la estabilidad regulatoria y la capacidad de las instituciones para articular lo que la industria necesita con lo que el territorio puede ofrecer.







