La balanza comercial energética de Argentina se encamina a marcar un nuevo hito histórico durante 2026. Tras el saldo favorable de 7.815 millones de dólares obtenido el año pasado, los analistas del sector proyectan un superávit que oscila entre los 8.500 y 10.000 millones de dólares. Este crecimiento descansa exclusivamente en la formación de esquisto Vaca Muerta, cuya productividad compensa el declino estructural de las cuencas convencionales.
El desempeño del sector hidrocarburífero resulta determinante para la macroeconomía nacional. Durante 2025, el superávit energético explicó una parte sustancial del saldo comercial total del país, que ascendió a 11.300 millones de dólares. En ese periodo, las ventas externas de energía alcanzaron los 11.100 millones de dólares, mientras que las importaciones registraron una caída del 18%, situándose en apenas 3.300 millones.
El petróleo como motor de divisas
El petróleo crudo constituye el principal factor de empuje para estas cifras. Según datos de la consultora Abeceb, las exportaciones de crudo representaron el 86% del superávit de 2025. El escenario para este año refuerza esa tendencia gracias a la puesta en marcha de infraestructura clave que elimina los techos de transporte.
En este esquema, el proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) juega un rol central. Esta iniciativa, liderada por YPF junto a socios estratégicos como Pan American Energy, Pluspetrol, Vista y Pampa Energía, registra actualmente un avance de obra superior al 50%. El oleoducto, que contempla una capacidad de transporte de hasta 550.000 barriles diarios, conecta la cuenca con la terminal de Punta Colorada en Río Negro. De acuerdo con las estimaciones de Horacio Marín, presidente ejecutivo de YPF, una vez operativo en su totalidad, este sistema generará ingresos anuales por exportaciones superiores a los 15.000 millones de dólares.
Gas natural: sustitución de importaciones y nuevos mercados
En el segmento del gas, la estrategia combina la soberanía interna con la expansión regional. La ampliación de la capacidad del gasoducto troncal desde Vaca Muerta y la reversión del Gasoducto del Norte permiten al país reemplazar definitivamente el fluido importado desde Bolivia para abastecer a las provincias septentrionales.
Este reordenamiento no solo ahorra divisas, sino que habilita el envío de excedentes hacia el mercado industrial de Brasil. Si bien la Argentina todavía requiere importaciones puntuales de gas para cubrir los picos de demanda durante el invierno, la dependencia externa cae año a año. El senador y economista Agustín Monteverde destaca que la consolidación de Estados Unidos como comprador y la mejora en la descarga logística desde la cuenca fortalecen la posición exportadora.
El horizonte del GNL y los plazos de inversión
La ambición de Argentina de transformarse en un exportador mundial de Gas Natural Licuado (GNL) requiere una escala de inversión superior. Proyectos como el de Southern Energy, que contrató un segundo buque de licuefacción flotante con Golar LNG para 2028, marcan el camino hacia la masificación del recurso.
Sin embargo, los especialistas advierten que los saltos de producción más significativos en materia de gas ocurrirán después de 2027. La etapa actual se enfoca en la consolidación de la infraestructura de transporte y en la reducción del costo operativo por pozo. Para el Gobierno, el fortalecimiento de este superávit comercial resulta una prioridad política: el flujo constante de moneda extranjera permite reforzar las reservas del Banco Central y mejora la confianza de los inversores internacionales en los proyectos de largo aliento.
Vaca Muerta logra así revertir un ciclo deficitario que alcanzó su punto crítico en 2013 con un saldo negativo de casi 7.000 millones de dólares. Hoy, la cuenca neuquina no solo garantiza el autoabastecimiento, sino que se posiciona como el segundo pilar de ingresos de divisas del país, solo por detrás del complejo agroindustrial.







