Carlos Garibaldi, secretario ejecutivo de Arpel, la Asociación Regional de Empresas del Sector Petróleo, Gas y Biocombustibles en Latinoamérica y el Caribe, trazó un diagnóstico preciso sobre el momento que atraviesa la industria hidrocarburífera en la región y dejó una conclusión que interpela directamente a la Argentina: América Latina tiene una ventana de oportunidad histórica frente a sí y Vaca Muerta es uno de sus activos más estratégicos. El análisis fue publicado como columna de opinión con vistas a la 8ª Conferencia Arpel, que se realizará del 1 al 4 de junio en Buenos Aires.
El chequeo de realidad que cambió el debate global
Garibaldi describe un punto de inflexión que se produjo en el primer trimestre de 2025 y que transformó la conversación global sobre energía. La retórica que dominó la última década, centrada en acelerar la transición energética y reducir el rol de los hidrocarburos, cedió paso a un reconocimiento más pragmático de la realidad. "Se reconocieron finalmente la futilidad de imponer soluciones reduccionistas a un sistema tan complejo como energía-economía-clima, las condiciones de contorno que dicta la siempre creciente demanda de energía, las limitaciones tecnológicas de cadenas de valor de las energías renovables y el rol insoslayable, por el futuro concebible, de los hidrocarburos como base fundamental de la seguridad energética y de su asequibilidad", señala el especialista.
Ese giro no implica abandonar la agenda climática sino reconocer que los hidrocarburos seguirán siendo indispensables durante las próximas décadas, especialmente el gas natural, que Garibaldi ya no describe como un combustible de transición sino como un acompañante estructural de la descarbonización. "El gas natural ha dejado de ser un puente para transformarse en un camino de acompañamiento a la descarbonización, porque genera menores emisiones que el carbón y los combustibles fósiles líquidos y, dada su naturaleza no intermitente, apalanca indirectamente a las energías renovables", explica.
Una región subrepresentada con reservas extraordinarias
El dato más sorprendente del análisis de Garibaldi es la brecha entre lo que América Latina produce y lo que tiene debajo del suelo. Con menos del 10% del aporte a la producción global de petróleo y menos del 5% a la de gas en 2025, la región contribuyó con casi el 40% de los recursos hidrocarburíferos convencionales descubiertos a nivel mundial desde el año 2020. Esa proporción revela una sobreexplotación enorme del potencial regional y, al mismo tiempo, una oportunidad concreta para quienes puedan desarrollarla.

A eso se suman condiciones estructurales que favorecen la inversión. América Latina ofrece términos contractuales y fiscales competitivos, es receptiva al capital privado e internacional, está alejada de las zonas de conflicto militar en curso y no tiene puntos de estrangulamiento estratégico vulnerables para el transporte marítimo, a diferencia de otras regiones productoras que dependen del Estrecho de Ormuz o del Canal de Suez. En un mundo donde la seguridad energética pasó a ser la prioridad número uno, esas condiciones valen más que nunca.
Los activos que lideran el mapa regional
Garibaldi identifica los polos de crecimiento que van a definir el mapa energético latinoamericano en los próximos años. Brasil, Guyana, Surinam y Argentina encabezan la lista de países con producciones crecientes proyectadas. El margen atlántico al sur de Brasil, extraordinariamente prolífico, podría extenderse hasta Uruguay y Argentina en sus aguas profundas. El margen ecuatorial, a lo largo del fairway Guyana-Surinam, consolida otro de los grandes polos offshore del continente.
Y en el segmento no convencional, la referencia es inevitable: "Vaca Muerta es, a nivel mundial, la única cuenca de shales capaz de rivalizar con los yacimientos de Permian e Eagle Ford”. La afirmación del secretario ejecutivo de Arpel no es nueva en el debate sectorial, pero cobra un peso distinto cuando viene de quien coordina a las principales empresas del sector en la región y cuando el contexto geopolítico global convierte a la seguridad de abastecimiento en una prioridad estratégica para Europa, Asia y América del Norte.
El gas como vector exportador
Garibaldi también traza una hoja de ruta para el gas natural en la región que va más allá del consumo interno. La mejor integración vía ductos y GNL permitiría aumentar la penetración del gas en las matrices energéticas de más países latinoamericanos, mejorando una región que ya tiene una de las matrices primarias y eléctricas más limpias del planeta. Y hacia afuera, la exportación de GNL hacia regiones con matrices más contaminantes, como Europa o el sudeste asiático, se convierte en una contribución concreta a la descarbonización global. Argentina, con sus proyectos de GNL en la costa atlántica de Río Negro, está posicionada para ser uno de los principales actores de esa ecuación.
La condición que define si la oportunidad se aprovecha
El análisis de Garibaldi no es solo optimista: también es exigente. La ventana de oportunidad existe, pero cerrarse es posible si los gobiernos de la región no acompañan con políticas consistentes. "Más allá de ofrecer términos contractuales y fiscales atractivos, nuestros gobiernos deben gestionar la percepción de estabilidad política y económica, estabilidad institucional más allá de ciclos electorales o de vaivenes ideológicos, estabilidad o previsibilidad regulatoria, mayor agilidad de los permisos ambientales, seguridad jurídica y transparencia", plantea el especialista.
La conclusión que cierra el análisis es también una advertencia: "Hoy, más que nunca, tenemos que combinar visión estratégica con cooperación público-privada, pragmatismo y agilidad táctica”. Para Argentina, que viene construyendo exactamente ese andamiaje con el RIGI, la expansión del upstream y los proyectos de exportación, el mensaje llega en el momento justo.







