De cada diez dólares que la industria petrolera invierte en la Argentina, nueve van a Vaca Muerta. El dato surge del último informe de la Secretaría de Energía y grafica con precisión el proceso de concentración que viene ocurriendo en el sector desde que el no convencional neuquino empezó a escalar: en 2016, la Cuenca Neuquina absorbía el 54% de la inversión total del sector. Hoy ese número trepó al 91%.
En términos absolutos, la inversión en Vaca Muerta pasó de 3.200 millones de dólares en 2016 a más de 9.000 millones en 2025, una duplicación que refleja tanto el crecimiento orgánico de la actividad como el ingreso de nuevos operadores y el avance de proyectos de infraestructura de escala inédita para la Argentina. El VMOS, la terminal de exportación de crudo que YPF, Pan American Energy, Vista, Pampa Energía, Chevron, Pluspetrol y Shell construyen en Río Negro con una inversión de 3.000 millones de dólares, es el ejemplo más visible de ese salto. Pero no el único: el RIGI aprobado para Rincón de Aranda, el proyecto de Pampa Energía que prevé 4.500 millones de dólares en 30 años, y los dos proyectos de GNL en carpeta —Southern Energy y Argentina LNG— suman decenas de miles de millones adicionales en el horizonte.
Lo que crece y lo que se achica
El reverso de la concentración en Vaca Muerta es el declive de las otras cuencas. La del Golfo San Jorge, históricamente el corazón de la producción convencional argentina, vio caer su participación en la inversión total del sector de manera sostenida. Entre 2015 y 2025, la producción convencional de esa cuenca cayó un 35%, con una pérdida de 5.500 empleos directos y una contracción de las regalías de Chubut y Santa Cruz de entre el 11% y el 21% en términos reales. Comodoro Rivadavia, que durante décadas construyó un ecosistema de proveedores locales e internacionales, enfrenta hoy la descomposición de ese entramado sin haber podido diversificar su base económica.
La tendencia no es solo argentina. A escala global, los recursos no convencionales de alta productividad por pozo tienden a concentrar la inversión porque ofrecen retornos más predecibles y escalables que los yacimientos convencionales maduros. Vaca Muerta compite en esa lógica con las mejores cuencas del mundo y, en varios indicadores de eficiencia, ya está a la altura de la Cuenca Pérmica de Texas.
Los motores del crecimiento
Detrás del salto en la inversión hay varios factores que se potenciaron en simultáneo. La mejora en la productividad por pozo fue sostenida: la cantidad de etapas de fractura por pozo creció de manera significativa, los pozos XL —de más de 4.000 metros de rama horizontal— se convirtieron en el estándar y la digitalización de las operaciones redujo el tiempo no productivo. Tecpetrol acaba de perforar en Fortín de Piedra el pozo más profundo de su historia, con 6.579 metros de profundidad total y 3.390 metros de rama horizontal, un récord que hasta hace pocos años parecía inalcanzable en la cuenca.
A eso se suma un marco regulatorio que mejoró las condiciones para el capital: el RIGI habilitó una nueva categoría para el upstream de hidrocarburos con el Decreto 105/2026, lo que abrió la puerta a que proyectos como Rincón de Aranda accedan a beneficios fiscales, cambiarios y aduaneros que mejoran el retorno de inversiones de largo plazo. Pampa Energía fue la primera en cruzar ese umbral, pero difícilmente sea la última.
El desafío que viene
La concentración de la inversión en Vaca Muerta plantea también preguntas sobre la sostenibilidad del modelo. Un informe reciente de la Fundación Mediterránea advirtió que cuando un único sector domina la economía provincial de manera tan marcada, el dinamismo puede convertirse en vulnerabilidad si el ciclo cambia. Neuquén creció en empleo privado formal un 6,6% en el último año, contra una caída del 3,4% a nivel nacional, pero la infraestructura urbana, el sistema de salud y las escuelas no acompañaron ese ritmo. El momento para invertir en diversificación, señala el informe, es durante el boom, no después.
Por ahora, el boom sigue. Con 38 equipos de perforación activos, proyectos de GNL en desarrollo y una terminal de exportación que conectará Vaca Muerta con el mar en 2027, la Cuenca Neuquina tiene por delante varios años más de crecimiento. La pregunta que la industria todavía no terminó de responder es qué pasa con el resto del país cuando eso eventualmente cambie.







