Vaca Muerta discute cada vez menos si tiene roca suficiente. Los datos despejaron esas dudas y el diálogo pasó a otro lado: cuánta máquina industrial hay para desarrollarla, y quién termina quedándose con la renta cuando esa máquina crece. Dos caras de la misma moneda, que componen el valor de la cuenca más productiva de hidrocarburos del país.
La actualización del IAPG ubica a Vaca Muerta en 30.170 millones de barriles técnicamente recuperables, un volumen que la pone en el mismo orden de magnitud que los grandes desarrollos del Permian: 20.000 millones estimados por el USGS para Wolfcamp en Midland y 46.300 millones para Wolfcamp-Bone Spring en Delaware. El recurso, entonces, ya no es la variable que explica la distancia con Estados Unidos.
Según, un informes publicado por Luciano Fucello, presidente de la Fundación Contactos Energéticos, la distancia está en la escala operativa. En 2025, Vaca Muerta hizo 23.894 etapas de fractura, contra unas 545.000 en de la cuena estadounidense, apenas el 4,4% de la escala. La foto de equipos de perforación es igual de elocuente: 267 rigs activos hoy en el Permian contra unos 42 en Neuquén y alrededores, con una proyección que los lleva a 56 en 2027. Aun con ese crecimiento, seguiría habiendo casi cinco rigs en el Permian por cada uno acá.
Cerrar esa brecha no depende solo de las operadoras. Requiere que el financiamiento llegue al segundo y al tercer anillo de la cadena —perforación y servicios, equipamiento y mantenimiento, logística, repuestos, capital de trabajo—, que es donde se construye la capacidad real de ejecutar el desarrollo.
Fucello marca que mientras esa brecha de escala sigue abierta, el mercado local de fractura ya muestra otra dinámica puertas adentro. La comparación entre julio de 2026 y el acumulado de 2025 exhibe una redistribución del trabajo entre operadoras y compañías de servicio, con un movimiento que la ordena: en abril, YPF le adjudicó a Halliburton un contrato de largo plazo por cuatro sets de fractura durante cinco años, con precios agresivos. Halliburton pasó a concentrar más de la mitad del mercado de bombeo, mientras el resto de las prestadoras compite por lo que queda.
"De ahí sale la paradoja: récord de etapas, máxima eficiencia, sobreoferta de bombas, 30% de capacidad ociosa y precios bajo presión, todo al mismo tiempo", planteó el experto. Los equipos bombean de forma más continua, con menos paradas y más automatización. Por eso cada set hace más etapas que antes, y crecer en fracturas ya no significa crecer al mismo ritmo en equipos necesarios.

El resultado es que las principales beneficiadas de este momento son las operadoras. YPF usó su escala para tensionar precios y fijar una nueva referencia económica para la etapa de terminación, una referencia que empieza a pesar sobre todo el mercado. Cuando la capacidad de bombeo excede la demanda, el poder de negociación cambia de mano.
Lo que revela cruzar ambas fotos
Las dos lecturas describen la misma variable —la capacidad industrial instalada frente al recurso disponible— en dos momentos distintos de su curva. Una mide el déficit de escala frente a Estados Unidos y reclama más inversión aguas abajo de las operadoras. La otra muestra que, incluso con esa escala todavía lejos del Permian, ya aparecen síntomas de sobreoferta y presión a la baja sobre los precios dentro del propio mercado local.
Ahí aparece la tensión que va a definir la próxima etapa de Vaca Muerta: cerrar la brecha de escala no alcanza si, al mismo tiempo, la eficiencia técnica y la concentración comercial —una operadora grande negociando con una prestadora grande— corren más rápido que el crecimiento de la actividad. Se esperan alrededor de 28.000 etapas de fractura en 2026 a unas 39.000 durante 2027.
El riesgo es que la inversión que hoy se reclama para el segundo y tercer anillo llegue a un mercado donde el poder de fijar precio ya se movió hacia las operadoras, antes de que esos eslabones intermedios lleguen a capturar la renta que la escala debería generarles. Vaca Muerta ya tiene la roca. Lo que todavía se está definiendo es quién financia la máquina que falta, quién la opera y quién termina cobrando la fractura.







