El precio del barril de petróleo en los contratos futuros de octubre cayó más de un 6% en la última semana, bajó de los 90 dólares por primera vez en los 10 días y se encamina a volver a los valores de equilibrio en torno a los 80 dólares, mientras la tensión en Medio Oriente se relaja.
La caída en el valor del crudo está vinculado a la situación en el estrecho de Ormuz, el más vigilado del mapa energético mundial y por donde circulan el 25% de los hidrocarburos del planeta, que empieza a mostrar señales de descompresión. Después de meses de un tránsito casi fantasma, la posibilidad de que el corredor entre Irán y Omán vuelva a moverse con cierta normalidad le bajó el precio al barril esta semana, en una de las caídas más marcadas desde mediados de agosto.
Así el barril de petróleo Brent, de referencia interancional y para Vaca Muerta, se comercializa en el mercado de octubre a 88,31 dólares, mientras que el WTI estadounidense lo hace a 82,23, ambos con una tendencia a la baja y alcanzando los niveles más bajos desde mitad de agosto.

El detonante fue diplomático antes que militar. Irán y Omán confirmaron que retomaron conversaciones para habilitar lo que definieron como un "corredor de navegación temporal conjunto" a través de Ormuz, y acordaron avanzar en el retiro de minas de la vía marítima.
El gesto de Washington acompañó el clima. Donald Trump escribió en Truth Social que la Armada estadounidense le confirmó el desminado completo de las aguas internacionales del estrecho, y lanzó una advertencia directa a Teherán: cualquier intento de colocar explosivos nuevos será respondido "de inmediato y de manera sistemática".
La foto de fondo, sin embargo, sigue siendo la de un tránsito lejos de la normalidad. Antes de la guerra que estalló en febrero, por Ormuz pasaba cerca de una quinta parte del petróleo y el GNL que se comercia en el mundo, con un promedio de 130 tránsitos diarios. Ese número se desplomó cuando Irán bloqueó de hecho la actividad en el estrecho, y aunque en las últimas semanas se registró cierta recomposición —incluido el paso autorizado de petroleros iraquíes, según trascendió—, los cruces siguen representando apenas una fracción de los niveles previos al conflicto.
Ahí está la clave de la lectura que hace el mercado: no es que Ormuz haya vuelto a fluir, es que el mercado empieza a descontar que podría hacerlo. Y en un activo tan sensible a la geopolítica como el petróleo, la expectativa mueve tanto como el hecho consumado.
La otra cara de la moneda es la presión que Washington mantiene sobre las exportaciones iraníes por otras vías, con sanciones que apuntan a "facilitadores" del comercio petrolero de Teherán. Esa tensión paralela explica por qué, pese a la baja, los precios siguen sosteniéndose muy por encima de los valores previos a la guerra: el mercado abarata el riesgo de un cierre total, pero no da por saldado el conflicto.
Para una plaza como la argentina, con Vaca Muerta empujando exportaciones de crudo y gas, el combo no es menor. Un Brent que retrocede alivia la ecuación de importación de combustibles, pero la volatilidad de fondo —mientras Ormuz siga siendo rehén de la negociación diplomática antes que de la lógica comercial— seguirá marcando el pulso de cualquier proyección de precios para lo que resta del año.







