La gestión ambiental en Vaca Muerta, lejos de ser un tema meramente técnico, se convierte en un punto de conflicto laboral y político. La decisión de la Secretaría de Ambiente de Neuquén de eliminar la obligatoriedad de utilizar un solo método de contención de derrames, como las mantas oleofílicas, generó una profunda preocupación entre los trabajadores del sector. Mientras la funcionaria a cargo, Leticia Esteves, defiende la medida como una modernización necesaria, los empleados de Environmental Services denuncian despidos y un grave riesgo ambiental.
El centro de la polémica es la Resolución N.º 159/24, que deroga una normativa anterior que exigía de manera exclusiva el uso de mantas oleofílicas. La funcionaria, en una entrevista, se refirió al tema y defendió la postura del gobierno. Argumentó que no es lógico que el Estado imponga a las empresas privadas un único método de contención de derrames sin justificación. Según Esteves, la nueva regulación busca modernizar y alinear a Neuquén con las prácticas internacionales, donde se utilizan diversas alternativas y no una sola.
Además sostuvo que el objetivo es otorgar flexibilidad a las operadoras para que elijan el método más adecuado para cada situación, incluyendo la posibilidad de seguir usando mantas oleofílicas o migrar a otros sistemas como bandejas colectoras. Para Esteves, esta medida no representa un "ataque" a ninguna empresa, sino que tiene como fin velar por el normal cumplimiento de la normativa ambiental y el cuidado de los recursos naturales. La secretaria enfatizó que la derogación también busca reducir la contribución de las mantas a la generación de residuos, un punto que considera un "cuello de botella" en su gestión y disposición final.
No obstante, esta perspectiva se confronta de lleno con la realidad que viven los trabajadores del sector. Desde la empresa de mantas, ubicada en Centenario, se denunció que la resolución generó un "daño ambiental significativo" y un impacto directo en el empleo. Un ejemplo de esto son los once despidos que recibió la empresa en el último tiempo.
El descontento y la preocupación por la estabilidad laboral se suman a la inquietud por el medio ambiente. Los trabajadores elevaron un contundente pedido a la Legislatura provincial para que revise y derogue la medida. Afirman que, a pesar de las reuniones previas, el gobierno provincial se negó a otorgar una solución a sus reclamos.
Los empleados sostienen que, aunque la normativa habilita el uso de otros sistemas de protección, como bandejas o bermas, estos métodos demostraron ser menos eficaces en la práctica. Según su experiencia, estos sistemas llevan a una mayor cantidad de derrames e impregnaciones de hidrocarburos y contaminantes en el suelo, lo que compromete la calidad de los ecosistemas y el equilibrio ambiental de Vaca Muerta. La manta oleofílica orgánica, señalan, era considerada esencial por su capacidad de absorber hidrocarburos de manera eficiente y evitar la dispersión de contaminantes, una cualidad que no se ve replicada en los nuevos métodos.
La consecuencia directa de esta situación, según los trabajadores, es un aumento de los pasivos ambientales que, a largo plazo, hipotecan la salud de la tierra y el agua. En una misiva presentada a los legisladores, se subraya la necesidad de "reinstaurar la obligatoriedad de la manta oleofílica orgánica o implementar medidas alternativas igualmente efectivas" para garantizar la protección del ambiente y evitar futuras catástrofes. El registro de ventas de la empresa es contundente: de 8.000 mantas absorbentes vendidas en julio de 2024, se pasó a solo 2.000 en el último mes de 2025.







