La Compañía Mega dio un nuevo paso estratégico al aprobar formalmente la segunda etapa de ampliación de sus instalaciones en el complejo petroquímico de Bahía Blanca, un proyecto clave para absorber el crecimiento sostenido de la producción de gas no convencional en Vaca Muerta. La decisión, avalada por el directorio de la empresa, confirma la lectura compartida por buena parte de la industria: el cuello de botella ya no está en el subsuelo, sino en la capacidad de procesamiento e infraestructura aguas abajo.
Esta segunda etapa se integra a las obras que actualmente se encuentran en ejecución y cuya finalización está prevista para marzo de 2026. Lejos de tratarse de un proyecto aislado, la ampliación forma parte de un plan escalonado de inversiones orientado a maximizar el aprovechamiento de los líquidos asociados al gas natural (NGLs), un segmento que gana peso estratégico en la ecuación económica de Vaca Muerta.
El eje central de esta fase será la construcción de un Nuevo Tren de Fraccionamiento (NTF), una instalación diseñada para optimizar la separación y procesamiento de etano, propano, butano y gasolina natural. Estos componentes, que se obtienen a partir del gas rico producido en las cuencas no convencionales, son insumos críticos tanto para el mercado interno —especialmente para la industria petroquímica— como para la exportación, en un contexto donde la diversificación de la matriz energética y productiva se vuelve cada vez más relevante.
Desde el punto de vista financiero, la magnitud del proyecto es significativa. Solo la primera etapa de la ampliación demandará una inversión estimada en US$ 250 millones, una cifra que refuerza el posicionamiento de Mega como la principal procesadora de líquidos del gas natural en la Argentina. La compañía es propiedad de YPF (38%), Petrobras (34%) y Dow (28%), una composición accionaria que combina al principal jugador energético local con dos actores de peso global, tanto en hidrocarburos como en el negocio petroquímico.
La elección de Bahía Blanca como nodo central no es casual. El complejo cuenta con una ubicación estratégica, infraestructura portuaria y una larga trayectoria como polo industrial, factores que lo convierten en un punto neurálgico para articular producción, procesamiento y salida al mercado. En ese sentido, la ampliación de Mega no solo responde a la dinámica de Vaca Muerta, sino que también fortalece el rol del sur bonaerense como hub energético e industrial.
En términos estructurales, el proyecto apunta a resolver uno de los desafíos más relevantes del desarrollo no convencional: el tratamiento eficiente del gas asociado y sus derivados. A medida que la producción de shale gas crece, especialmente en las ventanas más ricas en líquidos, la capacidad de fraccionamiento se vuelve determinante para sostener el ritmo de actividad y evitar restricciones operativas.
La aprobación de esta segunda etapa envía además una señal clara al mercado. En un escenario marcado por la necesidad de inversiones de largo plazo, Mega confirma que existen decisiones empresarias alineadas con una visión de crecimiento sostenido, apalancadas en la competitividad del recurso y en la escala que ya alcanzó Vaca Muerta.
Con este movimiento, la compañía no solo consolida su liderazgo en el procesamiento de NGLs, sino que también se posiciona como una pieza clave en la integración de la cadena de valor del gas argentino. La ampliación de Bahía Blanca, en definitiva, refleja una etapa más madura del desarrollo no convencional: menos promesas y más infraestructura concreta para transformar volumen en valor.







