Mientras el resto del país perdía casi 217.000 empleos privados formales entre noviembre de 2023 y la actualidad, Neuquén sumaba 9.500. El crecimiento del 6,6% en el empleo privado formal de la provincia contrasta de manera brutal con la caída del 3,4% que registró el promedio nacional en el mismo período. Esos números son el lado positivo del boom de Vaca Muerta sobre la economía neuquina. El otro lado es más incómodo.
Un informe elaborado por Federico Belich, de la Regional Comahue de la Fundación Mediterránea, describe ese fenómeno como un "efecto derrame asimétrico": la expansión hidrocarburífera traccionó al resto del entramado productivo provincial, pero lo hizo a una velocidad que la infraestructura, la vivienda, la salud y la educación no pudieron acompañar.
El derrame que no llega parejo
Entre los sectores que más crecieron en términos de empleo privado formal durante los últimos dos años aparece, llamativamente, la Enseñanza, con una suba del 12,6%. Le siguen Comercio (11,5%), Transporte (10,9%), Inmobiliarias (9,4%), Industria Manufacturera (7,5%), Turismo (4,1%), Servicios Públicos (3,7%) y Salud (3,5%). El dinamismo es real y abarca sectores que van mucho más allá del yacimiento.
Pero el informe también registra tres sectores en rojo: Construcción cayó un 6%, Agro un 5,1% y Bancos y Financieras un 5%. Y advierte sobre algo más estructural: cuando un único sector domina la economía provincial de manera tan marcada, el dinamismo puede volverse una fuente de vulnerabilidad. Los demás sectores no lograron acompañar la velocidad de Vaca Muerta, lo que expone a Neuquén a riesgos de concentración productiva difíciles de revertir si el ciclo cambia.
Los casos que Neuquén debería mirar
El informe de la Fundación Mediterránea traza dos comparaciones que vale la pena tomar en serio. La primera es la Cuenca del Golfo San Jorge. Entre 2015 y 2025, la producción convencional cayó un 35% con una pérdida de 5.500 empleos directos. Las regalías de Chubut y Santa Cruz se contrajeron en términos reales entre un 11% y un 21%. Comodoro Rivadavia, que durante décadas construyó un ecosistema de proveedores locales e internacionales, hoy enfrenta la descomposición de ese entramado sin haber podido diversificar su base económica.
La segunda es la Cuenca Pérmica de Texas y Nuevo México, que concentró casi la mitad de la producción petrolera de Estados Unidos y generó crecimiento exponencial del empleo y los ingresos, pero también cuellos de botella severos en infraestructura vial, vivienda y mercado laboral, además de una dependencia cíclica que golpeó a la región en cada caída del precio del barril.
Tres cuestiones pendientes
El análisis de la FM identifica tres frentes que las autoridades neuquinas deberían resolver durante el boom, no después. Fortalecer el Fondo de Estabilización y Desarrollo (FEDeN), creado en 2020, con reglas de intangibilidad del capital y gobernanza independiente del ciclo político, tomando como referencia los modelos que funcionaron en Chile y Noruega. Invertir en diversificación productiva real, formación de capital humano e infraestructura logística que sobreviva a la maduración del yacimiento. Y resolver los cuellos de botella en vivienda, transporte, salud y educación que hoy limitan el efecto multiplicador del crecimiento.
La advertencia del informe es clara: el momento para invertir en diversificación es durante el boom, porque una vez que el ciclo termina -por maduración geológica, caída de precios o transición energética- los recursos para reconvertir la economía se diluyen junto con las regalías. Neuquén tiene hoy lo que Chubut no tuvo cuando su cuenca comenzó a declinar: tiempo, recursos crecientes y la posibilidad de aprender de experiencias ajenas.







