La disputa por el petróleo del Atlántico Sur sumó esta semana un capítulo. Navitas Petroleum Development and Production (NPDP), la filial británica del grupo israelí que ya controla el 65% del yacimiento Sea Lion, insignia frente a las Islas Malvinas, formalizó en su propia web corporativa que tomó también el 65% operativo del bloque adyacente PL001, de unos 1.126 km², donde ya identificó una cuarentena de prospectos exploratorios.
Según la compañía, la auditora NSAI certificó recursos potenciales que superan los 1.300 millones de barriles en 15 de esos 40 prospectos, y la empresa plantea conectar el nuevo bloque a al ya existente mediante líneas submarinas, la misma lógica de tie-back que ya se usa en otros desarrollos offshore de la región.
El movimiento no es menor si se lo mide contra lo que ya se sabe de Sea Lion. El proyecto, operado por Navitas con el 65% y Rockhopper Exploration con el 35%, cerró su decisión final de inversión (FID, por sus siglas en inglés) con unos 2.100 millones de dólares comprometidos, un plan de 11 pozos submarinos en su primera fase, un pico proyectado de 50.000 barriles diarios y un cronograma que recién prevé el primer petróleo para 2028.
La cuenca certificaba entonces 319 millones de barriles, con un techo bruto de 917 millones. Si a eso se suma ahora el recurso potencial de PL001, la magnitud de lo que está en juego en el Atlántico Sur crece sustancialmente: ya no se habla de un yacimiento aislado, sino de una cuenca integrada con escala para sostener una explotación de varias décadas.

Navitas había tomado su 65% en Sea Lion recién en 2022, tras la salida de Harbour Energy, y el ingreso de capital israelí fue lo que permitió a Rockhopper avanzar hacia la FID. La irrupción sobre PL001 profundiza esa misma lógica de consolidación bajo un solo operador dominante en la cuenca.
La respuesta diplomática, sin cambios de fondo
Del lado argentino, el eje sigue siendo el mismo desde 2022: la Cancillería sostiene que las licencias otorgadas por el gobierno isleño son "ilegítimas e ilegales" y advirtió sanciones para cualquier actor que participe de estas actividades, tal como quedó plasmado en el comunicado de rechazo a la FID de diciembre pasado. La novedad de esta semana —el avance sobre PL001— no vino acompañada, al menos hasta el momento, de una escalada específica en esa respuesta oficial.

En ese sentido, desde argentina se plantea la idea del saqueo del petróleo en Malvinas y no de la extracción, como parte del reclamo de soberanía nacional sobre las islas. Desde el gobierno mantiene una postura de no innovar, enfrente una empresa israelí hace sus negocios y los amplía.
Lo que sí es un hecho verificable y con impacto directo para la cobertura energética es la escala: si el recurso de PL001 se confirma con perforación, la cuenca Malvinas Norte pasaría a competir por atención de capitales con otros desarrollos offshore de la región, entreincluido el Fénix-Vega Pleyade en Tierra del Fuego, que ya usa el mismo esquema de conexión submarina entre yacimientos.







