“Nunca me gustó que la familia se preocupara por mí, o que pensara que la pasaba mal, nunca les comentaba. Trataba de estar bien, de estar alegre. Siempre fui reservado con respecto a mi trabajo”, dijo Juan Carlos Cocuzza, nacido en San Rafael, Mendoza, y criado en Catriel.
Petrolero desde hace casi 30 años, experimentó muchas de las transiciones laborales en la industria. Trabajó en el campo 14 años para Halliburton y actualmente se desempeña como jefe de mantenimiento en Moto Mecánica.
“Empecé en la industria petrolera a los 29 años”, dijo a Vacamuerta.ar. Previamente, con ayuda de su papá Enrique, había montado un comercio de bebidas con 23 años.
Con el auge de la industria petrolera en Catriel, a fines de los ´90, Juan buscó otro rumbo y comenzó a trabajar en la empresa de transporte del papá de un amigo. “Manejaba una camioneta y a veces un camión 350, transportabamos herramientas para una empresa que realizaba perfilajes de pozos”, relató.
“Yo alcancé a viajar hasta Mendoza, lo más al norte que fui, pero mi amigo y su papá llegaron hasta Salta. Yo anduve más por el sur, Comodoro, Río Gallegos”, contó y recordó que después de dos años buscó otros horizontes en Rincón de los Sauces, la actual cuna del petróleo, y tocó las puertas de la conocida corporación estadounidense Halliburton. “Me entrevistaron, pero necesitaban gente para Comodoro Rivadavia, y les dije que sí”, agregó entre risas.
En pleno 2001, Juan Carlos emprendió viaje solo hacia el sur para conocer el lugar y confirmar su permanencia en el nuevo trabajo. “Primero me mudé yo en agosto, y en diciembre, llevé a mi familia. Mucho no conocía Comodoro y, además, iba a estar 3 meses a prueba”, contó y detalló que trasladar toda la familia sin la certeza real del trabajo implicaba una logística engorrosa también para su esposa Marisa y sus dos niños, Thiago de 6 y Orietta de 3.
“Yo siempre trabajé en la parte de “wireline”, perfilaje de pozo. Se bajan herramientas a los pozos, tanto abiertos como entubados, para sacar como una radiografía e ir chequeando las diferentes capas y sacar petróleo, agua, gas, lo que se encuentre”, explicó.
En ese entonces los diagramas eran de seis días en el pozo por dos de descanso, pero se trabajaba casi todo el día, según relata el petrolero. “Había mucho trabajo en ese momento y poco personal, así que vivíamos más en el pozo que en nuestras casas”, recordó. En esa época no existían las casillas o los tráilers para que los trabajadores pudieran dormir o comer. Los días de campo vivían en una camioneta o un camión.
Sindicalista
A raíz de la cantidad de trabajo y de las condiciones en las que debían cumplir con sus funciones, Juan y sus compañeros de a poco y sin darse cuenta, al principio, dialogaban sobre las incomodidades y lo insalubre que era transitar los días laborales de esa manera. “Estando en Comodoro empecé a intervenir en el Sindicato para reivindicar algunos derechos de los trabajadores, porque las empresas hacían oídos sordos. Empezamos a reunirnos con compañeros, armamos grupitos, empezamos a ir al gremio, pusimos un delegado en la empresa que no existía. Prácticamente en ninguna empresa existían los representantes gremiales”, relató el petrolero.

“Uno de los chicos se postuló para ser el delegado, el cupo para hacer la elección nos alcanzó, en ese momento se necesitaban mínimo 100 empleados, así que avalados por el sindicado y la empresa hicimos la elección. Yo nunca estuve como representante, pero siempre trabajé con ellos, siempre asumieron los chicos que tenían más años en Halliburton”, agregó.
En 2003, a pesar del rechazo inicial de las firmas hidrocarburíferas, los delegados de cada una de ellas consiguieron mejorar algunas condiciones de trabajo: diagramas de seis días por tres de descanso, jornadas de 12 horas, viandas y traslado al campo. “Pequeñas cositas que ayudaban a que el trabajador estuviera más cómodo en el campo y no durmiendo en una camioneta, sin baño, sin poder lavarse la cara, sin agua”, contó Cocuzza.
“La empresa al comienzo no estaba de acuerdo porque pensaban que no queríamos trabajar, pero nosotros lo único que queríamos era estar más cómodos en el campo, volver para estar con la familia, disfrutar un poco la vida fuera de la empresa”, agregó.
Es bastante dura la vida de diagrama
Luego de siete años trabajando en Comodoro Rivadavia, Juan Carlos pidió el traslado a la sede de Neuquén Capital. Llegó como Guinchero Categoría 10. Vaca Muerta en ese momento, estaba en expansión, sus proyecciones eran de un gran crecimiento. En la región, las jornadas laborales eran de 12 horas, pasaban 10 días en el campo y con días en sus casas.
“En ese campamento empezábamos a las 8 y terminábamos a las 20 y seguía el otro turno, el pozo nunca paraba. Éramos cuatro por turno”, explicó el petrolero y detalló que que sus jornadas trabajan cinco días de día y otros cinco de noche, luego comenzaban sus franco. “Cuando tocaba cambiar de la noche a la mañana era duro”, contó.
Volver a casa
Después de días de una rutina laboral muy agotadora, los operarios deben volver a sus casas. En el caso de quienes tienen familia, regresan a un hogar con una dinámica ya establecida. “Los chicos le pedían todo a la madre, como no era parte de la dinámica no recurrían a mí. Sabían que yo llegaba, todo alegría; pero sobre las cosas cotidianas no me preguntaban porque no estaba”, dijo Juan Carlos y confesó: “Me perdí más de un cumpleaños, más de una fiesta. Es bastante dura la vida de diagrama”.
En la misma línea también mencionó que mucho no se puede disfrutar de las idas a casa por el cansancio acumulado: “El primer día de franco casi que te lo tomas para descansar porque venís de 10 días durmiendo mal, comiendo mal. El último día de franco también te dormís todo porque sabes que se vienen otros 10 días durísimos de campo. Prácticamente son tres días nomás con la familia”, dijo.
Nuevos rumbos y un encuentro con Guillermo Pereyra
En 2015, Juan Carlos decidió retirarse de Halliburton. La vida de diagrama ya no era una opción y prefería estar más con Marisa, su mujer. Su hija se iba a estudiar a Córdoba y tenía intenciones de acompañarla. Las ganas de compartir con su familia lo empujaron a dar un giro en su vida.
En ese camino surge la idea de elaborar cerveza el hermano de su esposa. “Comenzamos a producir para nosotros, después nuestros amigos nos pedían y bueno, armamos una fábrica en Catriel que hoy produce 3 mil litros mensuales”. La intención es dedicar tiempo completo a ese proyecto una vez que se jubile, dentro de dos años.
Pero la historia no termina acá. En 2017, el hombre consiguió trabajo en Moto Mecánica como jefe de mantenimiento, en la base. Sin embargo, a los seis meses de ingresar lo despidieron a él y a dos compañeros “sin motivo”.
“Cuando consulté con la empresa me informaron que una fracción del sindicato de petroleros había pedido que desvincularan a quienes habían trabajado en Halliburton”, contó. Sin darse por vencido, Juan Carlos decidió hablar con Guillermo Pereyra (en ese momento secretario general del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa), quién conocía a su papá Enrique de la botica de Carmensa, Mendoza, donde ambos habían pasado su infancia.
"Me conoció por el apellido y me preguntó qué era de Enrique Cocuzza, y yo le dije que era mi papá”, recordó. Después de hablar con la empresa, el histórico secretario se comunicó con la otra fracción del gremio y volvieron a reincorporar al petrolero. “Todo quedó sin efecto gracias a Pereyra. Después me lo crucé en algún momento y charlamos de mi viejo, pero nada más”, contó el petrolero a Vacamuerta.ar
Proyección de Vaca Muerta
“Yo creo que ni vos, ni yo vamos a ver el fin de esta industria, porque desde que yo entré, eran 20 años y llevo casi 30, cada vez se proyecta más. Creo que 50 años más seguro, siempre va surgiendo algo. Vaca Muerta tiene para rato, hay muchísimo trabajo”, aseguró Juan Carlos.
La actividad petrolera en la región es una de las principales fuentes de ingreso tanto para la provincia como para el país, su expansión y proyección nacional e internacional sube las expectativas en varios sectores. Vaca Muerta es un atractivo laboral que genera ilusiones, principalmente económicas, para quienes aspiran a ser parte de ese mundo.
“En la empresa tenemos muchísimo trabajo, estamos invirtiendo cada vez más en la parte de mantenimiento, armándonos para el 2025 por los proyectos que se esperan. La proyección es muy buena, así que va a haber mucho trabajo”, concluyó Juan.







