Para Daniel Dreizzen, el secreto del despegue de Vaca Muerta no tiene nada de sofisticado, requiere de dos cosas sencillas: no molestar demasiado y normalidad, lo que en economía se traduce en pocas intervenciones, reglas estables, impuestos razonables y la posibilidad de disponer libremente de las ganancias, lo que define como cosas básicas para cualquier empresa que haga inversiones.
"El sector hidrocarburífero no necesita nada raro. Necesita que no lo molesten, básicamente", dijo el exsecretario de Planeamiento Energético, entre 2018 y 2019, y actual director de Aleph Energy, en diálogo con VacaMuerta.ar.
Dreizzen, junto con Salvador Di Stefano, participará de la Primera Jornada de Finanzas y Energía Norpatagónica de Bizion, que se realizará el próximo 6 de octubre en el campus central de la UFLO en Neuquén.
Para el economista, Vaca Muerta atraviesa un ritmo de crecimiento acelerado, con obras de infraestructura que se financian y se concretan, y una producción que sube con fuerza tanto en petróleo como en gas, con récords mensuales. Detrás de ese desempeño hay un conjunto de variables macroeconómicas que se alinearon: la caída pronunciada del riesgo país, que abarató el financiamiento de proyectos; la baja de la inflación; la estabilidad cambiaria; y, sobre todo, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Según Dreizzen el RIGI es "una simulación de un país normal" porque establece impuestos razonables y la posibilidad de disponer libremente de las ganancias. "Me parece algo normal, pero no era normal", agregó y detalló que si a un sector eficiente y productivo se le ofrecen condiciones normales, el resultado está a la vista.
La pregunta es ¿por qué si el régimen funciona está limitad a las grandes inversiones? "Toda la economía debería tener los beneficios del RIGI. Toda la economía debería ser normal", explicó Dreizzen y remarcó que toda la economía debería tener la baja en Ganancias, con una reducción al 25%, en lugar del 35% actual, libertad para importar bienes de capital, exportar y disponer de las utilidades.
El dilema fiscal
El entusiasmo tiene un límite, y Dreizzen lo marca con claridad. Extender los beneficios implica resignar recaudación a cambio de inversión futura, y hacerlo demasiado rápido puede dejar al Estado sin ingresos en la transición. "Estamos en el medio del puente", graficó y especuló que el gobierno debe estar analizando cómo llegar a ser un país normal sin caerse en el camino.

Para eso, sostiene, hace falta más estabilidad y una reactivación de la demanda, hoy muy retraída en materia de consumo. También reconoce el costo de la apertura: la transformación productiva que vive el país, con importaciones liberadas, "causa mucho dolor" a industrias que operaban sin competencia.
Dólares frescos, pero pocos empleos
Para Dreizzen la energía y la minería pueden estabilizar la economía en el mediano plazo y en algún punto ya lo están haciendo. "La energía le va a dar 14.000 millones de dólares y la minería otros cinco mil, lo que suma cerca de USD20.000 millones en divisas genuinas. A eso se agrega la fuerte reducción de subsidios de los últimos años", añadió.
Pero el aporte tiene un techo. "No quiere decir que alcance", aclaró y sostuvo que la economía es mucho más grande que estos dos sectores, y ambos son capital intensivos, no mano de obra intensivos, a diferencia de la industria automotriz o la textil. Los dólares llegan; los puestos de trabajo masivos, no necesariamente.
Ormuz y la ventana argentina
El escenario internacional sumó una variable que nadie tenía en los modelos: la guerra en Medio Oriente, que llevó el precio del barril de 72 dólares a más de 105 dólares entre marzo y la actualidad. Según describió Dreizzen, el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, por donde pasaba cerca del 20% del petróleo y del gas del mundo, disparó los precios muy por encima de lo proyectado, lo que para la Argentina "es una oportunidad enorme".
En ese sentido, dijo que los precios altos le dan más dólares a las empresas y al país, y más capital para acelerar Vaca Muerta. Pero el dato estratégico es otro: el país empieza a ser percibido como un proveedor sin riesgo de abastecimiento, y compradores europeos y asiáticos lo miran para diversificar sus fuentes.

El contexto político, agregó, también juega a favor: el respaldo de Estados Unidos, en un mundo fragmentado y en plena guerra comercial con China, donde Washington busca fortalecer al continente americano. "La energía es poder", subrayó, y señala que en los dos conflictos bélicos simultáneos aparecen involucradas tres superpotencias energéticas: Rusia, Estados Unidos e Irán.
Un país petrolero
Sobre el futuro, el diagnóstico es categórico. La Argentina está encaminada a ser un país petrolero, algo impensado hace diez o quince años, gracias a Vaca Muerta, al resto de las cuencas productivas, a la exploración offshore, a su potencial en renovables y a una minería capaz de abastecer la electrificación global. "En materia energética ya está muy encaminado; en minería falta", dijo. Y cerró con una certeza que no depende del ritmo: en cualquier escenario, más rápido o más lento, el sector crece mucho.







