El agua que las empresas petroleras usan para fracturar los pozos de Vaca Muerta podría alimentar viñedos, olivares y frutales. No es una metáfora sino un proyecto concreto que el gobierno de Neuquén viene desarrollando como parte de su estrategia para diversificar la economía provincial más allá del petróleo y el gas. "Vinos, aceite de oliva y otras tantas cosas las vamos a poder producir en Vaca Muerta a partir de un programa de desarrollo en el cual vamos a utilizar las redes de agua que utilizan las empresas para hacer su fractura cotidiana", dijo el gobernador Rolando Figueroa.
El esquema técnico que propone la provincia aprovecha las llamadas "redes azules", los sistemas de captación y distribución de agua que las operadoras tienen instalados en el territorio para abastecer sus operaciones de fractura hidráulica. La idea es capturar ese recurso antes de que llegue a las empresas, utilizarlo para riego agrícola y devolverlo al ciclo productivo en forma de alimentos. La primera etapa contempla 5.000 hectáreas bajo riego en la región de Vaca Muerta, con producciones que ya tienen desarrollo y experiencia en otras zonas de la provincia: forrajes, olivos, frutos secos, vid y cerezas.
El Corredor del Viento, la apuesta más grande
El segundo proyecto es de otra escala. El Corredor del Viento, ubicado entre Piedra del Águila y Picún Leufú en la región del Limay, prevé poner en producción cerca de 50.000 hectáreas bajo riego, una superficie que prácticamente duplicaría la que tiene hoy la provincia. La iniciativa contempla el desarrollo de un gran valle productivo con expansión de forrajes y producción ganadera, apuntando a sustituir parte de las importaciones de carne que Neuquén actualmente realiza. La propuesta se encuentra en etapa de proyecto ejecutivo y el gobierno analiza un esquema que combine recursos públicos, financiamiento y participación privada.
A eso se suma otra iniciativa más puntual que Figueroa mencionó: "Vamos a poner hectáreas bajo riego en Cutral Co y Plaza Huincul, reutilizando el agua que consumen esas dos ciudades". En conjunto, los tres proyectos apuntan a construir una base productiva agrícola y ganadera que le dé a Neuquén una economía más diversificada y menos dependiente de los ciclos del precio del barril.
El gas también puede ser comida
La lógica que subyace en estos proyectos no es nueva en el discurso de Figueroa. En su presentación en el Neuquén Day de agosto, el gobernador había planteado que la provincia tiene una ventana de tiempo para transformar los ingresos del petróleo en otras economías antes de que el recurso se agote. En la reunión con el gobernador regional del Biobío chileno, semanas antes, había sido más específico: "Donde hoy se produce gas y petróleo, vamos a producir también alimentos", dijo.
La idea de usar el gas como insumo para producir alimentos también apareció en el análisis del senador nacional Pablo Cervi, quien señaló que Argentina produce solo el 50% de la urea que consume y que el gas sobrante en verano podría usarse para generar electricidad y regar tierras en la Patagonia. El proyecto de las 5.000 hectáreas en Vaca Muerta es, en cierta medida, la primera versión concreta de esa lógica.
Para Neuquén, cuya economía depende en un 98% de las exportaciones de combustibles y energía, construir una base productiva agrícola en la misma zona donde se extrae petróleo es una apuesta de largo plazo. No reemplaza al hidrocarburo sino que le agrega una capa que puede sostenerse cuando los pozos declinen. El agua de fractura que hoy mueve la roca podría, con el tiempo, mover también las raíces de un olivo.







