El barril de petróleo por encima de los 100 dólares, por la guerra en Medio Oriente, generó incertidumbre en los mercados financieros del mundo y dejó grandes interrogantes a futuro, per también algunos ganadores. Un informe de JP Morgan, uno de los grandes bancos de inversión de Wall Street, reveló que Argentina es la única economía relevante de América Latina con una posición estructural para beneficiarse de un escenario sostenido de precios altos del crudo.
El súper barril, según el banco, benefició al país porque completó una transformación estructural en su matriz energética. Pasó de ser un importador crónico de energía a convertirse en un exportador neto de hidrocarburos. El motor de ese cambio histórico fue Vaca Muerta y su desarrollo tiene una perspectiva de crecimiento inédita.
La producción de crudo en Argentina alcanzó un récord de 860 mil barriles diarios en diciembre de 2025, y el shale oil ya representa cerca del 69% del total, con un crecimiento interanual que ronda el 30%. Más aún, los costos de equilibrio de las operaciones en la Cuenca Neuquina se estiman entre 36 y 45 dólares por barril, lo que significa que el negocio es altamente rentable incluso con precios internacionales muy inferiores a los actuales.
El informe de JPMorgan señala que "la combinación de producción en niveles récord, un esquema fiscal que captura parte de esa renta y un programa de estabilización macroeconómica refuerza, en lugar de complicar, el proceso de consolidación fiscal en curso". El banco concluye que estos factores implican una mejora relevante en el resultado fiscal primario y, especialmente, en la acumulación de reservas en moneda dura, un punto crítico para la estabilidad económica del país.
Esta lectura contrasta con la situación del resto de la región. Brasil, México, Colombia y Chile —en distintas medidas— son importadores netos o economías cuyo tejido productivo se encarece cuando sube el petróleo. Argentina, en cambio, se posiciona del otro lado de la balanza.
Sin embargo, el reporte de JPMorgan no omite los riesgos internos. Cerca del 70% del petróleo producido se consume localmente, lo que significa que el traslado de los precios internacionales no es automático ni lineal. Si los precios domésticos de los combustibles no acompañan la suba internacional el beneficio fiscal se diluye y se generan subsidios implícitos que erosionan las cuentas públicas.







