El Gobierno Nacional decidió postergar la privatización de las compras de gas natural licuado (GNL) para el invierno para contener el precio durante los meses de mayor consumo e intensa demanda en un contexto de volatilidad mundial por la guerra en Medio Oriente. Este salto impactará de lleno en las facturas invernales de Argentina y con proveedores privados el impacto podía ser aun más importantes.
A través de la Secretaría de Energía, la administración de Javier Milei dio marcha atrás con uno de los cambios más relevantes que había impulsado para el mercado energético en 2026 y seguirá siendo la empresa estatal Enarsa la responsable de las compras externas de este combustible, postergando al menos por un año el traspaso de esa función al sector privado.
Argentina necesitará unos 35 buques de GNL entre mayo y septiembre para cubrir la demanda de gas en invierno, lo que representan unos 1200 millones de dólares. Tras anunciar la privatización del servicio el 27 de enero y poner en marcha la licitación en abril, que debía tener un adjudicatario este martes 21, se confirmó la continuidad de la administración estatal.
La decisión responde principalmente a la fuerte suba y volatilidad del precio internacional del GNL, agravada por el conflicto en Medio Oriente. En ese contexto, privatizar la operatoria hubiera implicado trasladar directamente ese shock de precios a las tarifas de gas y electricidad, con consecuencias directas sobre la inflación.
Contexto: ¿Por qué Argentina importa GNL?
A pesar de la gran capacidad productiva de Vaca Muerta, Argentina no cuenta con la infraestructura de evacuación y distribución desde la Cuenca Neuquina al resto del país para abastecer la demanda de los hogares, la industria, el GNC y las centrales de energía eléctrica durante el invierno. Por eso es necesaria la compra de unos 25 buques de GNL entre mayo y septiembre, cuando la calefacción dispara el consumo.
Esta operatoria es clave para garantizar el abastecimiento de gas en los meses de mayor consumo, cuando la producción local no alcanza para cubrir los picos de demanda residencial, industrial y eléctrica. El GNL se adquiere en mercados internacionales, llega en buques especializados y se regasifica en la terminal de Escobar para luego inyectarse en la red.
El esquema original apuntaba a que una empresa privada asumiera la tarea históricamente reservada al Estado: comprar el combustible en el exterior, coordinar la llegada de los barcos, operar la terminal regasificadora de Escobar y vender ese gas a distribuidoras, grandes industrias y generadoras eléctricas. También debía administrar stocks, logística portuaria y riesgo comercial.
El proceso licitatorio avanzó durante semanas y terminó en una competencia muy ajustada entre Trafigura y Naturgy. En la primera ronda, Trafigura presentó una prima de US$ 4,91 por millón de BTU y Naturgy ofertó US$ 4,95. La diferencia mínima abrió una segunda instancia: Naturgy pasó al frente con US$ 4,50, frente a US$ 4,57 de Trafigura. Sin embargo, ninguna de las propuestas terminó de convencer al Gobierno.
Ambas cotizaciones se calculan sobre el precio del gas natural en el mercado europeo (índice TTF), que cotiza actualmente alrededor de US$ 16/MMBTU, por lo que el contrato habría rondado los US$ 21 el millón de BTU, un 75% más caro que los US$ 12 que se pagaron en 2025. A eso se suman flete, regasificación y operación en Escobar.







